Leh, India

Qué ver y hacer en la capital de Ladakh

Agosto 2026 — Leh es la capital de Ladakh y, para quien llega en avión, la puerta de entrada a esta región del Himalaya indio. Para nosotros no lo fue: nos adentramos en los valles en coche directamente desde Srinagar. Eso sí, durante dos semanas entre Zanskar y Ladakh, Leh fue el lugar al que volvíamos una y otra vez. Pasamos por la ciudad tres veces, tres tardes y una mañana en total: de camino de Lamayuru a Changthang, entre Changthang y Nubra, y al regresar de Nubra, justo antes del vuelo de vuelta a Delhi.


En esta guía de Leh te cuento qué ver, dónde dormir y dónde comer, cómo moverte por la ciudad y cómo tratar de evitar que el mal de altura te arruine los primeros días, sobre todo si llegas volando desde Delhi. Nososotros nos alojamos en el Hotel Dolkhar Ladakh y te explico por qué lo recomendamos. Si estás planificando el viaje entero, empieza por nuestra guía para organizar un viaje al a la India por libre, con información sobre visados, vacunas, seguros de viaje y gestión del dinero.

Leh, Ladakh

Cómo es Leh: una extraña mezcla de tradición y modernidad reciente

Leh es una extraña mezcla de tradición y modernidad reciente. Por un lado, el Palacio corona la ciudad desde arriba y el mercado local sigue lleno de fruterías, barberías y panaderías tradicionales. Por otro, hay cafeterías boutique con muy buen café (algo difícil de encontrar en la región), tiendas de souvenirs en las calles peatonales y una ciudad que parece estar en continua construcción. Es pequeña, de unos 9 km², y su centro se recorre a pie en una tarde.

 

Entre tanta nueva edificación, los álamos del Himalaya, altísimos y finísimos, motean la ciudad de verde, y las altísimas montañas que la rodean te hacen sentir diminuto. En Leh, disfruté el extraño contraste de la calma de las altas cimas del Himalaya, en simbiosis con el caos de una ciudad india.

Mal de altura en Leh: cómo evitarlo si llegas volando

Si llegas a Leh en avión, la recomendación es pasar las primeras 24  horas sin hacer esfuerzo físico: es la forma más segura de evitar el mal de altura. Pasas de unos 216 metros en Delhi a unos 3.500 en algo más de una hora de vuelo, y el cuerpo no tiene tiempo de adaptarse. En la práctica, eso significa quedarte en el hotel, porque la ciudad está construida casi toda en pendiente. En nuestro caso, el hotel donde nos alojamos, el Dolkhar Ladakh, ofrecía oxígeno a los clientes y una máquina para medir la saturación en sangre, para comprobar que lo llevas bien.


En todo caso nuestra experiencia fue algo diferente puesto que para evitar pasar tiempo de nuestras vacaciones en un hotel, nosotros decidimos no llegar volando a Leh, e ir por carretera en su lugar; sin embargo, esa elección no nos libró del mal de altura. Nos adentramos en la región de Ladakh por carretera directamente desde Srinagar, y la altura fue subiendo poco a poco, o eso creíamos.


En nuestro segundo día de viaje fuimos de Kargil (2.676 m) a Rangdum (unos 4.000 m), más de 1.300 metros de subida en un solo día. Aunque esa tarde no hicimos más que un paseo en llano, esa noche el mal de altura nos dio fuerte: nos despertamos con un dolor de cabeza horrible, mucho más duro que una resaca, y yo incluso vomité.

Ladakh, Dolkhar

Mal de altura en Leh: cómo evitarlo si llegas volando

Si llegas a Leh en avión, la recomendación es pasar las primeras 24  horas sin hacer esfuerzo físico: es la forma más segura de evitar el mal de altura. Pasas de unos 216 metros en Delhi a unos 3.500 en algo más de una hora de vuelo, y el cuerpo no tiene tiempo de adaptarse. En la práctica, eso significa quedarte en el hotel, porque la ciudad está construida casi toda en pendiente. En nuestro caso, el hotel donde nos alojamos, el Dolkhar Ladakh, ofrecía oxígeno a los clientes y una máquina para medir la saturación en sangre, para comprobar que lo llevas bien.

Ladakh, Dolkhar

En todo caso nuestra experiencia fue algo diferente puesto que para evitar pasar tiempo de nuestras vacaciones en un hotel, nosotros decidimos no llegar volando a Leh, e ir por carretera en su lugar; sin embargo, esa elección no nos libró del mal de altura. Nos adentramos en la región de Ladakh por carretera directamente desde Srinagar, y la altura fue subiendo poco a poco, o eso creíamos.


En nuestro segundo día de viaje fuimos de Kargil (2.676 m) a Rangdum (unos 4.000 m), más de 1.300 metros de subida en un solo día. Aunque esa tarde no hicimos más que un paseo en llano, esa noche el mal de altura nos dio fuerte: nos despertamos con un dolor de cabeza horrible, mucho más duro que una resaca, y yo incluso vomité.

Aquí no fue grave porque ese mismo día bajábamos a Padum (3.657 m): con un ibuprofeno y, sobre todo, con el descenso, a las pocas horas me recuperé. Es un privilegio que no tienes si vuelas a Leh, porque no hay una una forma de descender altitud rápidamente: el lugar más bajo es Alchi, a poco más de una hora de trayecto. Si los síntomas empeoran, o aparecen confusión, falta de coordinación o dificultad para respirar en reposo, lo que hay que hacer es bajar de altitud cuanto antes. Por eso creo que es muy importante tomarse las recomendaciones de reposo muy en serio.


En mi nuestro primer viaje a la India, por Rajastán, dudamos si terminar el viaje con tres días en Benarés o en Leh, decantándonos finalmente por la primera opción. Con la experiencia creo que fue la decisión correcta: viajar a Leh para solo tres días en nuestro caso no hubiera sido una buena opción puesto que habríamos pasado la mayor parte del tiempo en el hotel. Por eso, para mí Leh funciona mejor como lugar de paso y/o acceso a Ladakh que como destino en sí mismo para unos pocos días. Y si decides volar directo desde Delhi, cuenta el primer día y medio como adaptación y elige el hotel pensando en eso.

Dolkhar Ladakh

Qué visitar en Leh

En mi opinión, lo mejor de Leh es pasear y perderse. Más allá de las calles peatonales con tiendas turísticas, se extiende el mercado local con fruterías, barberías, panaderías, tiendas de ropa… También está la calle de las carnicerías: animales abiertos en canal, tripas e intestinos a la vista, hombres que fuman o queman incienso para ahuyentar a las moscas, perros callejeros al acecho por si cae algo. Imágenes muy crudas pero que yo soy incapaz de no mirar.


El interior de la mezquita Jama Masjid me sorprendió; entramos por casualidad pues en ningún lugar había leído que fuera una visita recomendada; y sin embargo a mí me pareció de las mezquitas más hermosas que he visitado por dentro. El Palacio, en cambio, me decepcionó un poco: está encajonado entre edificios y no encontramos ningún punto desde el que apreciar su arquitectura sin mil otros edificios y ruido visual. Eso sí, las vistas de la ciudad desde las terrazas superiores, rodeada de montañas altísimas, son muy hermosas. Cuesta 300 rupias para extranjeros.


Visitamos también el Monasterio Namgyal Tsemo (muy sin más, teniendo en cuenta el esplendor de los Monasterios de las cercanías de Leh) y la Shanti Stupa, donde en una tarde despejada, las vistas del atardecer prometen ser increíbles. Ninguna de nuestras tardes tuvo una luz de atardecer bonita, así que no puedo decirte cuál es el mejor mirador, aunque hay muchos puntos elevados en la ciudad desde los que verlo si el cielo acompaña.

Ladakh, Dolkhar

Dónde dormir en Leh

Nosotros nos alojamos en el Hotel Dolkhar Ladakh y no lo podría recomendar más. Se trata de un hotel boutique compuesto por siete villas privadas  de dos pisos dispuestas en torno a un jardín de albaricoqueros, girasoles y otras plantas típicas, con una arquitectura tradicional de la región y una decoración cuidadas hasta el último detalle. Tiene spa, algo que se agradece después de días de carretera o, en caso de volar directamente desde Delhi y no tener mucho que hacer hasta que pase el riesgo a mal de altura. Al poco tiempo de estar nosotros allí  recibió una Llave Michelin, el reconocimiento que la guía da a los hoteles. Para mí alojarme en este hotel fue la oportunidad perfecta de descubrir la región desde otro lugar: la arquitectura, forma de vida y comida ladakhi, en un espacio de calma y gran belleza. En la villa hay disponibles varios números de Stawa, una revista ladakhi con artículos súper interesantes sobre la cultura y política actual en la región, y en la televisión tienen una sección especial con documentales y contenido propiamente ladakhi. En caso de tener que hacer reposo para evitar el mal de altura me parece la oferta perfecta. En Ladakh, Zanskar y Changthang, el alojamiento es sobre todo familiar. La oferta hotelera es limitada y en gran parte de la ruta dormimos en homestays, nombre que reciben casas de familias locales que alojan a viajeros. Los homestay son una de las experiencias que hace el viaje a Ladakh y Zanskar especial, pero reconozco que después de una semana de ruta durmiendo en casa de locales, esta experiencia de villa y espacios privados me pareció un gran lujo.

¿Cómo moverte por Leh?

En Leh nos movimos siempre a pie. Desde el hotel donde nos alojamos, el Dolkhar Ladakh, el mercado queda a unos 15 minutos, el palacio a una media hora y la estupa desde donde ver el atardecer a unos 45 minutos. Por lo que pude ver, hay bastante taxi disponible, por lo que tampoco creo que fuera un problema conseguir taxis para hacer pequeños trayectos.

Leh Ladakh

Dónde comer en Leh

El Lehvendra Café es mi recomendación para sentarse sin prisa. Tiene una terraza con soportales sobre las calles peatonales del mercado, justo junto a la mezquita Jama Masjid, y es un lugar muy agradable para tomar algo y mirar el ir y venir de la ciudad. Yo suelo evitar las bebidas con hielo cuando viajo, pero aquí nos atrevimos con un iced tea y no tuvimos ningún problema.

 

En la misma calle está el Bodhisattva, un local interior, sin terraza, que merece la pena por los momos. Los momos son empanadillas de origen tibetano, rellenas de verduras o de carne, que se cocinan al vapor o fritas y se sirven con una salsa picante. Son uno de los platos más característicos de la región, y los de aquí estaban muy ricos. 

 

Una opción de comida más occidental es el Sugar House, una pizzería muy buena. Es algo más cara que el resto para lo que se paga en Ladakh, pero el precio sigue siendo asequible: entre 5 y 8 € por persona. 

 

Y para una comida especial, recomiendo el Tsas by Dolkhar, el restaurante del hotel donde nos alojamos. Tiene un interior precioso y mesas en el jardín, entre los albaricoqueros, que es donde yo me sentaría siempre. Fue donde cerramos el viaje, en una comida tranquila antes de salir hacia el aeropuerto.

Dónde comer en Leh

Leh Ladakh

El Lehvendra Café es mi recomendación para sentarse sin prisa. Tiene una terraza con soportales sobre las calles peatonales del mercado, justo junto a la mezquita Jama Masjid, y es un lugar muy agradable para tomar algo y mirar el ir y venir de la ciudad. Yo suelo evitar las bebidas con hielo cuando viajo, pero aquí nos atrevimos con un iced tea y no tuvimos ningún problema.

 

En la misma calle está el Bodhisattva, un local interior, sin terraza, que merece la pena por los momos. Los momos son empanadillas de origen tibetano, rellenas de verduras o de carne, que se cocinan al vapor o fritas y se sirven con una salsa picante. Son uno de los platos más característicos de la región, y los de aquí estaban muy ricos. 

Una opción de comida más occidental es el Sugar House, una pizzería muy buena. Es algo más cara que el resto para lo que se paga en Ladakh, pero el precio sigue siendo asequible: entre 5 y 8 € por persona. 


Y para una comida especial, recomiendo el Tsas by Dolkhar, el restaurante del hotel donde nos alojamos. Tiene un interior precioso y mesas en el jardín, entre los albaricoqueros, que es donde yo me sentaría siempre. Fue donde cerramos el viaje, en una comida tranquila antes de salir hacia el aeropuerto.

Qué leer sobre Ladakh

En la calle Main Bazaar Road de Leh, junto al cajero SBI, hay una librería con muchos libros sobre Leh y Ladakh en inglés, a muy buen precio (5-6 €). Allí compramos Ancient Futures, de Helena Norberg-Hodge, una lectura interesante para adentrarse en la cultura de la región: sus páginas te van abriendo capas de la cultura ladakhi tradicional que de otro modo cuesta ver en un viaje de pocas semanas. Como crítica, diría que es un libro que que ensalza y mitifica la cultura tradicional hasta extremos que no tienen mucho sentido y que están basados en una experiencia anecdótica de la autora. Ocurre, por ejemplo, en la parte sobre la medicina tradicional, donde explica que según la medicina tradicional está prohibida la intervención quirúrgica, pero justifica que en realidad no hay necesidad de la misma; afirmando incluso que los casos de apendicitis o úlceras son raros en Ladakh. Nuestra experiencia fue distinta. Paljor, nuestro guía en Zanskar, se quejaba precisamente de lo lejos que estaban de buenos médicos: vivía en Padum y tenía que desplazarse hasta Srinagar para tratar una enfermedad que tenía su hijo en la vista.

 

Otros libros que leí para preparar este viaje y que también recomiendo son: Siete años en el Tíbet, de Heinrich Harrer, es una buena puerta de entrada a la cultura tibetana antes de la llegada del ejército chino. Aunque transcurre en el territorio del Tíbet (no en India), ayuda a comprender la cultura budista de la zona. Eso sí, conviene leerlo sabiendo que es la mirada de un occidental. The Way of the White Clouds, de Lama Anagarika Govinda, es más lento y a ratos farragoso, pero ayuda a entender el budismo tibetano, sus símbolos y sus escrituras; en los viajes que relata, el autor pasa por zonas de Ladakh. Y Viaje a Ladakh, el pequeño Tíbet, de Marta Torres que narra el viaje de la autora a esta región.

 

Durante el viaje descubrí también Stawa, una revista ladakhi con formato en papel y en línea donde leí artículos muy interesantes sobre la actualidad de la región. Hablaban, por ejemplo, del aumento del consumo de opiáceos en los últimos años y de cómo afecta a la juventud, o de lo que ha supuesto para Ladakh pasar en 2019 a ser un territorio de la Unión de India, separado del antiguo estado de Jammu y Cachemira, pero con una administración más dependiente de Delhi y, según muchos ladakhis, con menos voz propia. Es un tema interesante, porque aunque la revista mostraba la queja de esta dependencia mayor al gobierno central, nuestro guía Paljor, mencionó en varias ocasiones lo positivo que había sido el cambio de gobierno para el desarrollo y construcción de carreteras en la zona. En cualquier caso, se trata de una revista muy interesante que leer para aprender más sobre la cultura actual de la zona.

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