Uganda por libre:

Itinerario de 10 días y ruta ampliada de 18 días

Febrero 2026 —Con diez días bien planificados puedes ver lo más impresionante de Uganda: el trekking de gorilas, los chimpancés, los safaris en Queen Elizabeth y Murchison Falls, y el Santuario de Rinocerontes. Nosotros estuvimos dieciocho días porque añadimos el este del país —Kidepo, Karamoja, Sipi y Jinja—, una extensión que nos gustó mucho pero que sumó unos 800-900€ al presupuesto.  Aquí tienes las dos versiones: el circuito completo que hicimos nosotros y una versión adaptada para diez días de viaje por si dispones de menos tiempo. Tras la hoja de ruta de destinos, he añadido un breve resumen de cada día con información que considero interesante tener a mano a la hora de organizar el viaje. Nosotros realizamos el viaje con un conductor/guía, aunque también sé de mucha gente que lo hace alquilando vehículo y conduciendo ellos. Te hablo sobre este tema y comparto muchas otras recomendaciones en mi guía de viaje a Uganda por libre.

Día 1. Llegada a Entebbe

Aterrizamos en Entebbe a media tarde. Lo primero que me sorprende es lo verde que es todo. No el verde contenido de Europa —un verde exuberante, casi absurdo, que te recibe desde el avión y no te abandona en todo el viaje. El aeropuerto es caos: nosotros tardamos una hora y media en pasar inmigración, recuperar las maletas, pasar controles de seguridad, sacar dinero y conseguir un vehículo.


Para el traslado al hotel recomiendo Uber —nos costó 18.500 chelines ugandeses, frente a los 40.000 que pedían los taxis del aeropuerto. Hay que tener paciencia: nos aceptaron el trayecto tres conductores antes de que uno viniera realmente a buscarnos.  En la guía general sobre cómo organizar un viaje a Uganda te cuento mi experiencia sobre cómo sacar dinero en el aeropuerto y cómo contratar un Uber. El trayecto al hotel en sí ya es una primera toma de contacto con el país: hileras de niños saliendo de la escuela con uniformes, mujeres cocinando en fuego en sus porches, la temperatura perfecta —ni frío ni calor.

 

Si llegas con tiempo, el Jardín Botánico de Entebbe está en el centro de Entebbe y abre hasta las siete de la tarde (alrededor de 5 EUR la entrada). Para cenar, el Emiboozi Restobar es una muy buena opción para comida local en un entorno agradable.


Nos alojamos en el Oslo Gardens, en la Suite Panoramic que nos costó 53 EUR por una noche y nos ofrecía unas hermosas vistas sobre el Lago Victoria. Lo elegimos por su proximidad al ferry de Nakiwogo, punto de salida de la excursión al Mabamba Swamp que teníamos planificada para el amanecer del día siguiente.

Día 2. Excursión a ver el picozapato y Safari en el Parque Nacional de Mburo Lake.

Mi recomendación es comenzar el segundo día en Uganda muy temprano. La excursión al Mabamba Swamp sale desde el embarcadero de Nakiwogo —a siete minutos andando del Oslo Gardens — a las 6:40 de la mañana para quienes quieren verlo al amanecer. Dura entre cuatro y cinco horas. Nosotros la habíamos organizado con Ronnie, un guía local que encontramos a través de Instagram y con quien estuvimos hablando bastante antes del viaje. El precio que nos ofreció fue de 100 USD por persona, aunque estuvo abierto a negociar y lo dejó en 60 USD.

El objetivo es el picozapato, una de las aves más extraordinarias que existen y que puede llegar a medir hasta 140 cm de altura y más de dos metros de embergadura. Su rasgo más inconfundible es el pico: enorme, ancho, con forma de zapato, de ahí el nombre. Se trata de un animal difícil de ver, aunque una vez se le encuentra, permite sin problemas que la gente se le aproxime. Se estima que quedan entre 3.300 y 5.300 ejemplares en libertad en todo el mundo, lo que lo convierte en uno de los avistamientos más buscados por los amantes del birdwatching en África. El Mabamba Swamp, en los márgenes del Lago Victoria, es el mejor lugar de Uganda para verlo, con un 95% de probabilidad de avistamiento. Nosotros no tuvimos suerte —una tormenta de madrugada nos llevó a cancelar la excursión— y lo intentamos de nuevo en un pantano junto a Ziwa Rhino sin éxito tampoco. Aun así sigue siendo mi primera recomendación para quien organice este viaje. No me arrepiento de haberlo intentado.

Una cosa importante a tener en cuenta si, como nosotros, queréis hacer la excursión del picozapato por la mañana y llegar al Parque Nacional de Mburo a primera hora de la tarde es que merece la pena llevar el equipaje a la excursión y que el guía os recoja al otro lado del Lago Victoria una vez terminada esta. Así se evita volver al hotel y se ahorran casi dos horas de trayecto innecesario. La excursión termina entre las diez y las once de la mañana, por lo que con una parada para comer se llega a Mburo sobre las cinco de la tarde, con tiempo suficiente para un primer safari al atardecer. 

Leopardo en el Parque Nacional de Lake Mburo

El objetivo es el picozapato, una de las aves más extraordinarias que existen y que puede llegar a medir hasta 140 cm de altura y más de dos metros de embergadura. Su rasgo más inconfundible es el pico: enorme, ancho, con forma de zapato, de ahí el nombre. Se trata de un animal difícil de ver, aunque una vez se le encuentra, permite sin problemas que la gente se le aproxime.Se estima que quedan entre 3.300 y 5.300 ejemplares en libertad en todo el mundo, lo que lo convierte en uno de los avistamientos más buscados por los amantes del birdwatching en África. El Mabamba Swamp, en los márgenes del Lago Victoria, es el mejor lugar de Uganda para verlo, con un 95% de probabilidad de avistamiento.

Leopardo en el Parque Nacional de Lake Mburo

Nosotros no tuvimos suerte —una tormenta de madrugada nos llevó a cancelar la excursión— y lo intentamos de nuevo en un pantano junto a Ziwa Rhino sin éxito tampoco. Aun así sigue siendo mi primera recomendación para quien organice este viaje. No me arrepiento de haberlo intentado. 


Una cosa importante a tener en cuenta si, como nosotros, queréis hacer la excursión del picozapato por la mañana y llegar al Parque Nacional de Mburo a primera hora de la tarde es que merece la pena llevar el equipaje a la excursión y que el guía os recoja al otro lado del Lago Victoria una vez terminada esta. Así se evita volver al hotel y se ahorran casi dos horas de trayecto innecesario. La excursión termina entre las diez y las once de la mañana, por lo que con una parada para comer se llega a Mburo sobre las cinco de la tarde, con tiempo suficiente para un primer safari al atardecer. 

De camino entre Entebbe y Mburo se puede parar en la línea del ecuador —aunque siendo honesta, es una parada turistada que no merece la pena.

El Parque Nacional de Mburo está a unas cinco horas de Entebbe y es la primera parada del circuito. Es un parque pequeño comparado con los grandes nombres de Uganda, pero tiene algo que los otros no tienen: la posibilidad de hacer safari a pie y en bicicleta, sin las distancias de seguridad que impone un vehículo.

Mburo NP

Safari a pie en Mburo NP

El precio de entrada a todos los parques de Uganda es de 40 USD por persona para 24 horas, más 8 USD por el coche. El safari a pie cuesta 40 USD adicionales por persona e incluye un ranger armado.  Ver una jirafa pasar a menos de un metro de ti, con el único intermediario siendo un ranger y el sonido de la sabana, es una experiencia muy diferente al safari convencional y que recomiendo encarecidamente. Si quieres hacer el safari en bicicleta, ten en cuenta que la bici no se alquila en la entrada del parque —hay que contratarla aparte, normalmente a través del hotel, a 25 USD por persona, más 30 USD de permiso específico para circular en bici dentro del parque. Por último, en Mburo también se pueden hacer safaris nocturnos, por 40 USD adicionales por persona. Nosotros solo hicimos el safari andando y en coche, pero volviendo atrás, haría sin dudas el safari nocturno. Nosotros lo hicimos en Kibale y, siendo este un parque mucho más grande que Mburo, es mucho más difícil ver fauna noctura, por lo que no lo recomiendo.

 

La estrella inesperada del día fue un leopardo estirado sobre una roca a plena luz del día. Se estima que hay entre 20 y 30 leopardos en todo el parque y son extraordinariamente difíciles de ver de día. Fue un momento mágico: simplemente lo miramos en silencio hasta que se levantó, bostezó y desapareció entre la vegetación, no sin antes dedicarnos una mirada fija.

Nos alojamos en el Hyena Hill Lodge por 95 EUR la noche y con unas vistas sobre la sabana y el lago Mburo al fondo increíbles. La comida, a 15 USD por persona, está exquisita. Una maravilla.

Mburo NP

Safari a pie en Mburo NP

El precio de entrada a todos los parques de Uganda es de 40 USD por persona para 24 horas, más 8 USD por el coche. El safari a pie cuesta 40 USD adicionales por persona e incluye un ranger armado.  Ver una jirafa pasar a menos de un metro de ti, con el único intermediario siendo un ranger y el sonido de la sabana, es una experiencia muy diferente al safari convencional y que recomiendo encarecidamente. Si quieres hacer el safari en bicicleta, ten en cuenta que la bici no se alquila en la entrada del parque —hay que contratarla aparte, normalmente a través del hotel, a 25 USD por persona, más 30 USD de permiso específico para circular en bici dentro del parque. Por último, en Mburo también se pueden hacer safaris nocturnos, por 40 USD adicionales por persona. 

Nosotros solo hicimos el safari andando y en coche, pero volviendo atrás, haría sin dudas el safari nocturno. Nosotros lo hicimos en Kibale y, siendo este un parque mucho más grande que Mburo, es mucho más difícil ver fauna noctura, por lo que no lo recomiendo.


La estrella inesperada del día fue un leopardo estirado sobre una roca a plena luz del día. Se estima que hay entre 20 y 30 leopardos en todo el parque y son extraordinariamente difíciles de ver de día. Fue un momento mágico: simplemente lo miramos en silencio hasta que se levantó, bostezó y desapareció entre la vegetación, no sin antes dedicarnos una mirada fija.


Nos alojamos en el Hyena Hill Lodge por 95 EUR la noche y con unas vistas sobre la sabana y el lago Mburo al fondo increíbles. La comida, a 15 USD por persona, está exquisita. Una maravilla.

Día 3. Safari en Mburo y Traslado al Lago Bunyonyi

Nosotros no hicimos safari matutino en Mburo — al cancelar la excursión del picozapato el día anterior habíamos llegado al parque con tiempo de sobra y ya habíamos aprovechado bien la tarde. Pero si tu situación es distinta, merece la pena dedicar la primera parte de la mañana a explorar el parque antes de ponerse en camino: el Lago Bunyonyi es un lugar muy tranquilo y sin un safari matutino se llega con mucho tiempo por delante y pocas cosas que hacer hasta el atardecer.

 

El trayecto hasta el lago dura unas tres horas y media. En Mbarara aparecen al borde de la carretera las vacas Ankole-Watusi: enormes, con unos cuernos que pueden medir más de dos metros de lado a lado. Después viene Kabale, un pueblo lleno de canteras a cielo abierto donde mujeres y niños pican piedra al borde de la carretera en un movimiento mecánico y repetitivo que transmite una intensa sensación de desolación. Si necesitas sacar dinero, para en el cajero del Banco Equity: es de los pocos sitios en Uganda donde lo conseguimos retirar dinero sin pagar comisión.

 

El paisaje del lago es precioso: treinta islas, algunas habitadas, otras desiertas. Además, el Lago Bunyonyi es uno de los pocos cuerpos de agua de Uganda donde no hay riesgo del parásito esquistosomiasis y que, por lo tanto, permite el baño. Nosotros no nos bañamos, pero es un dato que vale la pena tener. Nos alojamos en el Lake Bunyonyi Rock Hotel (121 EUR la noche),  a donde llegamos en lancha a motor. Hay una carretera que bordea el lago pero está en muy mal estado por lo que la práctica habitual es dejar el coche en un parking en un extremo del lago y que el propio hotel te venga a buscar en lancha. Es un servicio incluido en la reserva y sin coste extra.

 

En Bunyonyi hicimos varias actividades aunque no creo que todas merezcan la pena. El paseo por la carretera que bordea el lago — unos cuarenta y cinco minutos a pie desde el hotel hasta Arcadia Cottage — es con diferencia lo mejor que hicimos allí. La carretera sube un poco y desde arriba las vistas sobre las islas son muy bonitas. En ese paseo conocimos a Loyson, un chico de diecisiete años de la aldea que al día siguiente apareció en el hotel para llevarnos a jugar al fútbol con sus amigos. El campo era la explanada de hierba alta que hay detrás de una iglesia — que por ser domingo tenía los altavoces a todo volumen con música evangélica. Fue sin duda el punto fuerte de la visita al lago.

Lake Bunyonyi

Día 4. Lago Bunyonyi y Traslado al Bosque Impenetrable de Bwindi

A la mañana siguiente, tras participar en el partido de fútbol con Loyson y sus amigos, realizamos un tour en lancha a motor por las islas nos costó 25 dólares por cabeza, aunque ahora, con la experiencia de haberlo vivido, creo que no merece la pena. Salimos de Bunyonyi a mediodía. El trayecto hasta Bwindi dura unas cuatro horas y media, aunque el paisaje de plantaciones entre valles y montañas, y en algunos tramos bosque tupido que de repente se cierra sobre la carretera, lo hacen de lo más ameno.

 

Entramos al parque por el sector Ruhija — el plan original era entrar por Buhoma, pero nos hicieron este cambio de última hora sin que nunca llegáramos a enteder bien el por qué. El pueblo de Ruhija nos sorprende porque, a pesar de ser una de las cuatro entradas a la excursión de los gorilas, no parece ser más que una pequeña aldea ugandesa donde los niños fuegan al fútbol al terminar la escuela. A simple vista no parece tener nada de infraestructura turística. Así pues, terminamos el día en la terraza del hotel escuchando a los niños jugar a lo lejos. Este hotel no lo recomiendo: lo reservamos sobre la marcha debido al cambio de sector y no resultó ser muy allá.

Día 5. Mañana con los Gorilas en el Bosque de Bwindi y tarde de safari en Ishasha

El día empieza a las 8:00 en el centro interpretativo de gorilas de Ruhija, con canto y danza africana a modo de bienvenida de la comunidad local, seguida de la sesión informativa. Se forman grupos de hasta ocho personas, cada uno asignado a una familia distinta y acompañado por un ranger armado.

 

Llevar la ropa adecuada es importante para evitar problemas con insectos: pantalón largo, calcetines altos por encima del pantalón, calzado con buena suela y camiseta de manga larga transpirable. Los guantes son opcionales, nosotros no llevábamos y el ranger dijo que nos avisaría en caso de haber plantas venenosas cerca. Además, hay que llevar mascarilla para el momento de contacto, mucha agua y algo de comida puesto que siempre se sabe cuando se entra en el bosque, pero no necesariamente cuando se sale. La excursión no tiene una duración fija, sino que se camina hasta hacer contacto y, una vez con los gorilas, solo se puede permanecer una hora con ellos (a no ser que se haya comprado el permiso de habituación que, por un precio de 1,500 USD permite estar con los gorilas cuatro horas).

 

El sistema de tracking ha cambiado respecto a años anteriores. Antes se rastreaba a la familia en el momento, lo que podía convertirse en un proceso muy largo. Ahora hay un equipo de trackers que sale de madrugada a localizarlos y se comunica por radio con el ranger del grupo, lo que hace que el proceso sea mucho más eficiente.

Día con los gorilas

Nosotros partimos andando directamente desde el centro y en menos de una hora hicimos contacto. El bosque en sí ya es una experiencia. Bwindi es uno de los bosques más antiguos de África: cuando la mayoría de los bosques del continente desaparecieron durante las condiciones extremas de la última edad de hielo, hace entre 12.000 y 18.000 años, Bwindi fue uno de los pocos refugios que persistió. Mientras la mayoría de los bosques actuales no tienen más de 12.000 años de antigüedad, la vegetación de Bwindi ha fluctuado durante al menos 25.000 años. En nuestro caso y para alcanzar a los gorizas, hicimos una pendiente pronunciada abriendo camino a machetazos. Merece la pena saber que hay porteadores disponibles para llevar el equipaje por 20 USD, y también para personas con movilidad reducida por 300 USD; aunque mi experiencia es que para personas con buena forma física nada de esto es necesario.

 

El primer momento del contacto fue único. Lo primero que encontramos fue a una madre amamantando a su bebé de cuatro meses, varios juveniles con energía frenética y el único silverback observándolo todo. Los primeros veinte minutos el grupo permaneció en un claro; después empezaron a moverse — son más rápidos de lo que parecen — y los seguimos durante el resto de la hora reglamentaria. Una hora que pasa muy deprisa.

 

Para todo lo relativo a permisos para ver a los gorilas — cómo conseguirlos, cuánto cuestan y con cuánta antelación reservar — tienes la información disponible en mi guía principal de viaje a Uganda.

Gorila en Bwindi
Gorila en Bwindi

Terminamos el trekking con los gorilas alrededor de las doce de la mañana y ponemos rumbo a la siguiente parada. Ishasha se caracteriza por la presencia de leones trepadores de árboles. Sin embargo, ni en esa tarde ni en la mañana siguiente, logramos avistar ninguno. Sorprendentemente fue en el sector de Kasenyi Plains de Queen Elizabeth Park, que visitamos en los siguientes días, donde sí nos encontramos con leones en lo alto de cáctus enormes, intentando escapar del sol de mediodía.

 

Donde dormir: El hotel donde nos hospedamos en Ishasha, el Embogo Lodge, si bien era muy hermoso, fue el más caro del viaje (180 USD la noche, con menú de comida por 20 USD). Una vez allí nos enteramos de que había otro hotel al lado llamado Enjojo que también estaba bien y parece ser era algo más barato. Algo a tener en cuenta es que los parques de Uganda no están vallados, así que el concepto de estar dentro o fuera de estos es difuso. Los hoteles mencionados, están técnicamente fuera de la entrada oficial al parque, aunque a efectos prácticos completamente dentro del mismo. Como en otros lodges similares, hay rangers que acompañan a las habitaciones por la noche. Esa noche me costó dormir: los ruidos de la sabana no paraban.

Elefante en Ishasha

Día 6. Mañana en Ishasha y tarde en Queen Elizabeth National Park (Kasenyi Plains)

Salimos a recorrer la sabana de Ishasha con las primeras luces del amanecer. El paisaje a esa hora es de una belleza abrumadora, pero los animales escasean — Ishasha se encuentra justo en la frontera con la República Democrática del Congo, y la presión de los cazadores furtivos se nota. Tras un par de horas dando vueltas, ponemos rumbo al área central de Queen Elizabeth NP.

El trayecto entre ambas zonas es precioso. Y de nuevo la misma reflexión de Ishasha: el camino que une Ishasha con Kasenyi Plains técnicamente está fuera de la parte de pago del parque, pero a efectos prácticos sigue estando dentro de él. Estanques con hipopótamos, todo tipo de aves, elefantes y babuinos nos acompañan en el camino.

A mediodía llegamos al hotel donde disfrutamos de una buena comida y un rato de descanso. Por la tarde exploramos la zona de Kasenyi Plains, el área de safari central de Queen Elizabeth NP, con Daniel — un guía magnífico con quien la conversación fluyó durante horas. Vemos muchos hipopotamos y un leopardo sobre la hierba, bastante lejos, pero igualmente impresionante.

En Queen Elizabeth dormimos en el Engiri Lodge, dentro del parque. De siete a siete hay que ir escoltado entre la habitación y las zonas comunes. Hay un elefante que tiene por costumbre merodear por el hotel en busca de restos de comida, y parece ser habitual encontrar hipopótamos e hienas por la noche.  Reconozco que esa noche también me costó dormir.

Hipopótamos

Día 7. Mañana en Kasenyi Plains y tarde en el Canal de Kazinga

Daniel había localizado la carcass de un búfalo la tarde anterior —el nombre que reciben los cadáveres de mamíferos en Uganda— y estaba seguro de que habría leones cerca. Salimos al amanecer a Kasenyi Plains y allí estaban: cinco leonas y varios cachorros desperezándose de manera plácida entre la maleza de la sabana. 

Aprendimos que los leones cazan presas grandes —en este caso un búfalo— que les duren dos o tres días antes de que la carne se pudra, y que una vez cazado no pueden alejarse demasiado o las hienas y los buitres se lo llevan. Pasamos más de una hora con ellos, hasta que el sol comenzó a apretar y los leones iniciaron su búsqueda de la sombra entre las ramas de los cáctus y otra vegetación de la zona. En ese momento continuamos el recorrido por el parque; en algún momento aparecieron también los lagos George y Albert, con las imponentes montañas Rwenzori al fondo. 

 

Por la tarde hicimos el crucero por el Canal de Kazinga. La mayoría de los barcos salen desde la península de Mweya cargados a tope; nosotros sin embargo embarcamos desde Katunguru y compartimos el barco solo con una pareja de daneses. Vimos hipopótamos, cocodrilos, lagartos del Nilo, kingfishers y monos comiendo dátiles de palmeras. No vimos los elefantes bañándose que prometía el horario de las 15:00, y en retrospectiva el horario de 17:00 a 19:00 con el atardecer hubiera sido más bonito. El barco nos costó 30 USD por persona y, aunque nos gustó, soy honesta en decir que si el tiempo o el presupuesto aprietan es perfectamente prescindible: no se ven animales distintos a los que ya has visto desde tierra. Terminamos el día con un último safari en Kasenyi Plains antes de volver al hotel a descansar.

Leones en Queen Elizabeth

Aprendimos que los leones cazan presas grandes —en este caso un búfalo— que les duren dos o tres días antes de que la carne se pudra, y que una vez cazado no pueden alejarse demasiado o las hienas y los buitres se lo llevan. Pasamos más de una hora con ellos, hasta que el sol comenzó a apretar y los leones iniciaron su búsqueda de la sombra entre las ramas de los cáctus y otra vegetación de la zona. En ese momento continuamos el recorrido por el parque; en algún momento aparecieron también los lagos George y Albert, con las imponentes montañas Rwenzori al fondo. 

Leones en Queen Elizabeth

Por la tarde hicimos el crucero por el Canal de Kazinga. La mayoría de los barcos salen desde la península de Mweya cargados a tope; nosotros sin embargo embarcamos desde Katunguru y compartimos el barco solo con una pareja de daneses. Vimos hipopótamos, cocodrilos, lagartos del Nilo, kingfishers y monos comiendo dátiles de palmeras. No vimos los elefantes bañándose que prometía el horario de las 15:00, y en retrospectiva el horario de 17:00 a 19:00 con el atardecer hubiera sido más bonito. El barco nos costó 30 USD por persona y, aunque nos gustó, soy honesta en decir que si el tiempo o el presupuesto aprietan es perfectamente prescindible: no se ven animales distintos a los que ya has visto desde tierra. Terminamos el día con un último safari en Kasenyi Plains antes de volver al hotel a descansar.

Día 8. Kibale y el Bigodi Swamp (o la turistada del siglo)

Kibale está a unas dos horas y media de Queen Elizabeth y llegamos a nuestro hotel, el Chimpanzee Captain Lodge, poco antes de comer. Es un alojamiento precioso. De nuevo las fronteras con el parque nacional de Kibale no están delimitadas de ninguna forma, y nos cuentan que a menudo hay varias especies de monos paseándose por el lodge — incluso chimpancés.

 

Este día cometemos la turistada del siglo: habíamos leído sobre el Bigodi Swamp y visto fotos de una zona de naturaleza cuidada y hermosa. La entrada costaba 25 USD por persona, así que cuando nos ofrecieron hacer el recorrido con Rose — una mujer que, según nos explicaron, destina el dinero a proyectos comunitarios y de mujeres de la zona — por 30 USD, no lo dudamos. Grave error.

 

Lo bueno fue que vimos varios tipos de monos de muy cerca, los de cola roja especialmente preciosos. Lo malo, que el swamp estaba hecho pedazos, el recorrido no tenía ningún cuidado y de  ninguna manera merecía ese precio. La visita al pueblo fue turistada en estado puro — la mujer que enseña el proceso del café, el “monkey man” que destila cerveza y gin con bananas más para el show que por otra cosa. El recorrido ni siquiera llegó a las tres horas prometidas. Mi recomendación es clara: intentar hacer el paseo de manera independiente, o sustituirlo directamente por el paseo interpretativo dentro del parque nacional — los hay tanto de día como de noche, para ver especies de monos distintas a los chimpancés que se ven en el trekking principal. La noche, afortunadamente, fue tranquila y agradable en el lodge.

Monos en Kibale
Monos en Kibale

Día 9. Chimpancés en Kibale

El permiso para ver los chimpancés en Kibale, al igual que el de los gorilas, hay que reservarlo con mucha antelación. Cuesta 250 USD por persona y hay dos turnos, mañana y tarde. La experiencia es similar a la de los gorilas: se busca a los chimpancés hasta encontrarlos y entonces se pasa una hora con ellos. Existe también una alternativa más larga, la experiencia de habituación (300 USD), que consiste en acompañar a los investigadores durante todo un día en su trabajo de habituar a grupos aún no acostumbrados a la presencia humana — se pasan varias horas con ellos observando su comportamiento natural, no solo la hora reglamentaria del trekking estándar.

 

Nosotros realizamos la experiencia normal para la que nos tocó el turno de tarde, y fue una suerte, porque por la mañana descubrimos una rueda pinchada. Mientras Godfrey la arreglaba, nos fuimos a dar un paseo por el pueblo. Vimos varios turacos —unos pájaros similares a los tucanes, característicos de la zona y realmente hermosos— y algunas escenas sin desperdicio: cómo descuartizaban sobre el césped una vaca recién sacrificada y la llevaban por piezas a un puestecillo llamado butchery  (o carnicería), donde la carne se exponía a pleno sol hasta que alguien la comprara; los niños de uniforme saliendo al patio de la escuela; las mujeres acercándose a la fuente para rellenar cubos que portaban en la cabeza.

Chimpancé en Kibale

Comimos en el lodge y a las dos de la tarde nos presentamos en el centro interpretativo de Kibale. La experiencia con los chimpancés es una pasada. Se parecen tanto a nosotros que impresiona. El código de vestimenta es igual al de los gorilas, y también hay que llevar mascarilla. En Kibale hay un 96% de probabilidades de verlos. El punto negativo es que, a diferencia de los gorilas —donde los grupos son de siete u ocho personas y muy espaciados—, aquí la experiencia está bastante masificada. Los grupos son pequeños, pero todos acaban en la misma zona del bosque. A los chimpancés parece no importarles en absoluto: están a lo suyo. Uno de ellos incluso se quedó dormido en el suelo a nuestro lado. Sus rasgos son tan humanos que resulta casi perturbador. El bosque, además, es una maravilla. 

 

Una duda que yo misma me hice antes de ir a Kibale era si merece más la pena hacer la experiencia aquí, con la casi total seguridad de verlos, o hacerlo en un lugar más aislado con menos probabilidades de éxito. A día de hoy, habiendo vivido la experiencia, me es difícil decirlo. Una parte de mí dice que mejor hacerlo en el Kyambura Gorge, dentro de Queen Elizabeth NP, o en Budongo Forest, cerca de Murchison Falls — más aislados, menos masificados y en el caso de Kyambura pagando por un permiso más barato, aunque asumiendo el riesgo de que las probabilidades de avistamiento bajen al 60-70%. Pero la parte de mí que no consiguió ver el picozapato por intentarlo en Ziwa, donde las posibilidades eran 50/50 en lugar del 95% de Mabamba Swamp, definitivamente se queda con la masificación y con la garantía de verlos. Porque la realidad es que los chimpancés fueron los animales que más me gustó conocer en todo el viaje. 

Chimpancé en Kibale
Chimpancé en Kibale

Día 10. Traslado al Santuario de Ziwa y experiencia con rinocerontes

Día de coche: siete horas de trayecto desde Kibale hasta el Santuario de Rinocerontes de Ziwa, en el centro del país. Salimos temprano y aún así llegamos justos para hacer el recorrido de los rinocerontes por la tarde — la actividad termina a las 17:00.

El Ziwa Rhino Sanctuary es una historia que merece contarse: los rinocerontes fueron completamente extinguidos en Uganda en 1983, víctimas de la caza furtiva y de las décadas de conflicto armado. En 2005 nació este santuario privado, en colaboración con la Uganda Wildlife Authority, con un programa de cría de rinocerontes blancos del sur para reintroducirlos progresivamente en el país. Cuando nosotros lo visitamos era el único lugar en Uganda donde se podían ver rinocerontes en libertad — y para mí, que ya había viajado a Kenia, era el último de los Big Five que me quedaba pendiente.

 

Un mes después de nuestro viaje, en marzo de 2026, se completó el primer paso de la reintroducción y ocho rinocerontes fueron trasladados de Ziwa a Kidepo Valley National Park, donde no se veía uno desde 1983. En Kidepo viven ahora en un santuario vallado de 18 km² dentro del parque, con vigilancia constante, así que los avistamientos son posibles. Para quienes viajen ahora hasta allí puede ser una alternativa interesante a Ziwa, aunque conviene tener presente que la población todavía es muy pequeña. Si el objetivo es simplemente ver rinocerontes, Ziwa sigue siendo el lugar más fiable.

Rinocerontes de Ziwa

La actividad principal del santuario es el rhino trekking. Se hace acompañado de un ranger y consiste en desplazarse en el propio coche hasta el punto donde están los rinocerontes y, desde ahí, hacer un pequeño recorrido a pie hasta acercarse a ellos. Dura entre 45 minutos y una hora, y cuesta 60 USD por persona. Los rinocerontes se pasean con bastante libertad por el santuario y a veces se acercan a las zonas comunes por sí solos, así que siendo estrictos no hace falta pagar la actividad para verlos. Esto dicho, a nosotros nos mereció la pena pagar para poder ver familias enteras, poder estar tan cerca, ver las crías y entender mejor su comportamiento.

 

Además hay muchos otros animales — antílopes, aves, monos — que se pueden ver simplemente paseando por el santuario. Y también existe la opción de intentar ver el picozapato al amanecer: 30 USD, con un 50/50 de probabilidades en estación seca. Nosotros lo intentamos a la mañana siguiente, aunque sin éxito.

 

Los alojamientos van desde los 90 USD la noche por una habitación básica con desayuno hasta los 400 USD por chalet, pasando por tiendas de lujo por 260 USD y sea la opción que sea, se debe pagar un 50% del precio por adelantado. Nosotros dormimos en la habitación básica y usamos Transferwise para realizar el pago de la reserva. En el complejo hay piscina, aunque cuando fuimos no hacía calor como para entrar al agua. 

Día 11. Murchinson Falls. Primer día: cascadas y safari.

Nos levantamos al amanecer a probar suerte con el picozapato en Ziwa, aunque no tenemos sin éxito. Después de desayunar emprendemos el camino hacia Murchison Falls National Park y llegamos a las cascadas poco antes del mediodía.

 

Murchison Falls es uno de los espectáculos naturales más impresionantes de Uganda. El Nilo, en su tramo más caudaloso, se ve obligado a atravesar una grieta de apenas siete metros de ancho, generando una fuerza brutal que ha modelado el paisaje durante milenios. El Nilo también divide el parque en dos sectores: el norte, dominado por sabana abierta con palmerales de Borassus, sin dudas la zona de safari que será mi preferida de toda Uganda; y el sur, con más bosque y matorral. Adyacente al sur está Budongo Forest Reserve, la otra reserva forestal famosa por su población de chimpancés — aunque nosotros ya los habíamos visto en Kibale y no fuimos allí. La entrada al parque cuesta 45 USD por persona (válida 24 horas) más 11 USD por el coche. La actividad de los chimpancés, de querer hacerse, tiene un precio aparte, diría que de 220 EUR por persona.

 

Casi toda la información que encontramos en internet sobre cómo visitar las cascadas estaba desactualizada, así que aquí va lo que aprendimos sobre el terreno. Antiguamente había tres formas de verlas. Desde el barco por el Nilo (30 USD, aunque se veían muy de lejos), desde un camino con miradores que empezaba donde el barco te dejaba y subía hasta la cima (15 USD adicionales, obligatorio hacerlo después del barco), y desde la parte superior de las cascadas, a la que se llegaba en coche de forma gratuita.

Uganda

 

En febrero de 2026 esto había cambiado. La lluvia destrozó parte del camino de miradores, así que ese recorrido ya no se hace. En su lugar, han habilitado un sendero que baja desde la cima hacia la parte superior de los antiguos miradores, y ahora se accede al revés — desde arriba hacia abajo. El acceso a la parte superior de las cascadas, antes gratuito, cuesta ahora 10 USD. Por 5 USD adicionales puedes bajar por el nuevo sendero — el Bakers Trail — hasta los miradores intermedios. Son apenas diez minutos de caminata y merece muchísimo la pena.

 

El cambio, a mi parecer, es a mejor. Antes había que pagar barco + caminata (45 USD) para acceder a los miradores. Ahora, con solo 15 USD desde la parte superior, se ven las cascadas desde todos los ángulos. El barco queda como actividad opcional, más útil para ver fauna a orillas del Nilo — similar al crucero del Canal de Kazinga — que para las cascadas en sí, que desde el agua se ven lejísimos. Nosotros de hecho, lo descartamos. A todo esto hay que sumar los 45 USD por persona del acceso al parque (válidos 24 horas) y los 11 USD del coche.

Fotografía de leones vertical

Tras las cascadas, ponemos rumbo al hotel, donde pensamos hacer el check-in y comer. Sin embargo, el plan cambia cuando, de forma completamente inesperada nos encontramos con cinco leones — cuatro hembras y un cachorro tumbados a la sombra de un edificio de servicios públicos, en pleno calor de mediodía. Lo ideal para un safari es siempre salir a buscar animales a primera o a última hora, precisamente porque a mediodía los animales se refugian y no se mueven — pero esa fue la suerte que tuvimos, encontrarlos justo ahí. Pasamos casi una hora contemplándolos, a apenas cinco metros.

 

Se nos hizo algo tarde, así que cambiamos de plan y salimos a comer al pueblo de Pakwach — un pueblo muy local, en un restaurante muy local, donde pagamos siete euros los tres. Bastante más barato que comer en los hoteles, donde los menús van de 10 a 20 USD por persona. Tras el almuerzo, volvemos a entrar al parque sobre las 16:30. Se ha nublado y se escuchan truenos que anuncian tormenta, aunque aún no llueve. El paisaje de sabana de Murchison es especial: los cactus, los palmerales y el naranja intenso del camino se intensifican con el cielo gris de tormenta. A esto se suma que la cantidad de fauna que encontramos, especialmente leopardos escondidos entre las ramas superiores de árboles, es increíble. 

Fotografía de leones vertical

Tras las cascadas, ponemos rumbo al hotel, donde pensamos hacer el check-in y comer. Sin embargo, el plan cambia cuando, de forma completamente inesperada nos encontramos con cinco leones — cuatro hembras y un cachorro tumbados a la sombra de un edificio de servicios públicos, en pleno calor de mediodía. Lo ideal para un safari es siempre salir a buscar animales a primera o a última hora, precisamente porque a mediodía los animales se refugian y no se mueven — pero esa fue la suerte que tuvimos, encontrarlos justo ahí. Pasamos casi una hora contemplándolos, a apenas cinco metros.

Se nos hizo algo tarde, así que cambiamos de plan y salimos a comer al pueblo de Pakwach — un pueblo muy local, en un restaurante muy local, donde pagamos siete euros los tres. Bastante más barato que comer en los hoteles, donde los menús van de 10 a 20 USD por persona. Tras el almuerzo, volvemos a entrar al parque sobre las 16:30. Se ha nublado y se escuchan truenos que anuncian tormenta, aunque aún no llueve. El paisaje de sabana de Murchison es especial: los cactus, los palmerales y el naranja intenso del camino se intensifican con el cielo gris de tormenta. A esto se suma que la cantidad de fauna que encontramos, especialmente leopardos escondidos entre las ramas superiores de árboles, es increíble. 

En esta primera tarde disfrutamos de primero de estos avistamientos: un leopardo tumbado sobre el tronco de un árbol, agitando la cola. En cuanto paramos el coche nos miró, se desperezó, bajó del árbol y desapareció entre los matorrales. Justo en ese momento empezó a llover con fuerza. De vuelta al lodge, una familia de elefantes recién bañados salió del lago Albert y cruzó la carretera delante de nosotros, con su piel gris moteada de gotas. Una imagen preciosa. 

Leopardo

El parque de Murchinson Falls cierra a las 19.00 y solo las personas con hoteles en el interior del parque pueden permanecer dentro para, en caso de pagar el precio extra correspondiente, realizar un safari nocturno. Con la experiencia, diría que es una buena idea coger un hotel en el interior del parque y tratar de hacer el safari nocturno aquí, apunta a safaris nocturnos muy interesantes.

 

Nosotros nos alojamos en el Mama Washindi Lodge por 84 EUR la noche. Las habitaciones están bien, hay un jardín muy bonito y piscina, y está a media hora en coche de la entrada del parque. Lo que hace especial este lodge, más allá de lo práctico, es que el 100% de los beneficios se destinan a proyectos educativos de la organización From Nobody to Somebody, que impulsa iniciativas de escolarización y formación en el norte de Uganda. Alojarse aquí ayuda a sostener algo con impacto real. 

Día 12. Murchinson Falls. Segundo día de Safari

Nos levantamos poco antes del amanecer para entrar al parque nada más abrir — nunca acabamos de averiguar si esta abría a las seis y media o a las siete. El amanecer es el mejor momento para ver escenas de caza, y esa mañana no falla. Vemos primero a un grupo de kobs corriendo en desbandada y, al levantar la vista buscando qué los persigue, ahí está: una hiena a la caza con las primeras luces. En un momento del recorrido llega incluso a cruzarse en nuestro camino. Una imagen para no olvidar.

 

Nos quedamos en el parque hasta mediodía, cuando el sol empieza a apretar y los animales a esconderse. Aprovechamos para ir al hotel a comer y a disfrutar de la piscina. Sobre las cuatro volvemos a entrar. Vemos muchas jirafas y dos leopardos más, en escenas muy parecidas a la del día anterior: camuflados entre el ramaje espeso de los árboles altos, identificamos la forma de la  cara gracias a las orejas o el movimiento de la cola, paramos el coche, el leopardo nos mira, se despereza, baja y se pierde entre la maleza. 

Día 13. Traslado a Kidepo Valley National Park y Safari Nocturno (no recomendado)

Ocho horas de camino en el que será el trayecto más largo del viaje. Antes de arrancar, un consejo que ojalá nos hubieran dado a nosotros: llegar a Kidepo con el depósito lleno. Los trayectos dentro del parque, sumados a la salida hacia Moroto al cabo de dos días, cubren muchos kilómetros sin una sola gasolinera en el camino.

 

Kidepo Valley está en el extremo noreste del país, en la frontera con Sudán del Sur y a un paso de Kenia, en pleno territorio Karamoja. Es uno de esos lugares en los que la sensación de estar realmente lejos, en un mapa que apenas mira nadie, tiene su propio valor. El paisaje es espectacular: enormes valles abiertos, cadenas montañosas al fondo y una sabana dorada que se extiende hasta el horizonte. Es un parque enorme y la densidad de fauna es baja — vemos manadas gigantes de búfalos (se estiman entre 10.000 y 15.000) y jirafas Rothschild — pero en general cuesta más ver animales que en Queen Elizabeth o Murchison. Aún así, solo por el paisaje merece la pena. Y desde marzo de 2026, además, hay ocho rinocerontes reintroducidos en un santuario vallado dentro del parque.

 

Nos alojamos en el Zebra Safari Lodge — nuevo, y bastante caro por lo que ofrecía (136 EUR la noche), pero es la tónica general de la zona. Aunque no aparece en Google Maps, hay una entrada al parque a cinco minutos del hotel, aunque para comprar el permiso hay que ir  hasta Apoka (eso sí, se puede el trayecto hacer por el interior del parque). El paisaje desde la veranda del hotel y las zonas comunes es precioso.

 

Al llegar tras el largo trayecto de coche, descansamos con un té y salimos hacia el interior del parque para hacer un safari nocturno, aunque con la experiencia personal, es una actividad que no recomiendo hacer en este parque. Nos costó 40 USD por persona y encima nos cobraron 15 USD extra por una linterna que, tal como averiguamos después, debería haber estado incluida. Nosotros llevábamos buenos frontales, pero para este tipo de safari no llegan: hace falta un foco potente que alcance mucho más lejos. El recorrido tendría que haber durado unas tres horas y apenas fue una y media, y en un territorio tan grande y con tan poca densidad animal, ver algo requiere mucha suerte. En nuestro caso, lo único interesante que vimos fue un puercospín. 

Kidepo
Es de noche en el Zebra Safari Lodge. Asomada a la veranda que se abre sobre la sabana, observo la inmensidad de la oscuridad frente a mí. Al tiempo que doy un sorbo a mi bebida, veo encenderse la luz de una motillo en la distancia, seguida del rugido renqueante de su motor. A buen ritmo, la moto ilumina el camino de salida del parque. Y con ella, la realización: estoy en un lugar remoto, en la frontera con Sudán del Sur, en el corazón de la sabana, en pleno territorio Karamoja. Qué agradable, sentirse tan perdida en el mapa.
Extracto del cuaderno de viaje, Febrero, 2026

Día 14. Safari en Kidepo National Park

Kidepo Valley National Park es inmenso. Nosotros dedicamos nuestro día de safari — el último en Uganda — a recorrer la zona del Valle de Narus, la parte con más presencia de agua y, en teoría, con más fauna del parque, aunque más allá de una hiena a primera hora de la mañana, varias manadas de jirafas y muchísimos búfalos, no encontramos gran cosa. Eso sí, el paisaje es verdaderamente hermoso.

 

Hay una zona donde, encaramado en lo alto de un cerro rocoso, se ve un antiguo hotel de los años 70 — el Katurum Lodge —, construido como refugio de caza en época de Idi Amin y arrasado con su caída. Desde lejos, prendido de la montaña, es una imagen bonita. Y desde los miradores que hay en puntos elevados del parque se abren escenas espectaculares de la sabana: los ríos serpenteando el paisaje, animales correr a lo lejos, la inmensidad de los valles perdiéndose hacia el horizonte.

 

Kidepo fue un buen cierre para nuestros safaris en Uganda. Cada parque nos había dejado algo distinto — los leones de Queen Elizabeth, los leopardos y elefantes de Murchison, la sensación de estar en un rincón perdido del mapa aquí, en Kidepo. 

Hiena en Kidepo

Día 15. Traslado a Moroto. Visita de la Fundación Kara Tunga.

Salimos de Kidepo rumbo a Moroto, capital administrativa de la región de Karamoja, la zona más árida y menos transitada del país. Los Karamojong son un pueblo semi-nómada, pastoril, cultural y lingüísticamente próximo a los Maasai de Kenia — durante décadas estuvieron aislados del resto de Uganda y su forma de vida sigue muy conectada con el ganado y las tradiciones ancestrales. Este día visitamos la Fundación Kara Tunga, su proyecto social de apicultura y un poblado Tepeth en las laderas del monte Moroto. Narro mi experiencia con detalle en la guía de Karamoja pues esta parte del viaje merece su propia entrada.

 

Día 16. Amanecer en la ceremonia Kraal. Traslado a Sipi y trekking de las cascadas.

Amanecemos con la ceremonia del kraal — el ritual matinal en el que los Karamojong reúnen y bendicen al ganado antes de sacarlo a pastar. Una experiencia especial que comparto con más calma en la guía de Karamoja.

 

Desde Moroto son unas tres horas de carretera hasta las Cascadas de Sipi. Llegamos tan cansados del madrugón que dormimos una siesta breve antes de comer y salir a explorar las cascadas. Nuestra idea inicial era hacer el trekking por libre, pero apenas encontramos información en internet, y con solo una tarde para verlas todas, acabamos aceptando la propuesta del hotel: hacer la caminata con un chico del pueblo que trabajaba con ellos como guía por 15 USD. Ya en la ruta me di cuenta de que hacerla por libre no habría sido fácil — no hay nada señalizado. 

Cascadas de Sipi

El guía era médico y tenía una farmacia en el pueblo. Trabajaba también de guía porque, según nos contó, era la única forma de llegar a fin de mes. Me gustó mucho conocerle y hablar con él. Como suele pasar, las conversaciones con la gente local son las que llenan de sentido el viaje — las que te llevan a entender formas de vida diferentes, a narrativas que ninguna guía escrita alcanza.

 

El paisaje de las cascadas es increíble, sobre todo las dos más apartadas — tienen un aire casi lunar, con vegetación distinta y piedras negras. La cascada principal y más accesible es, curiosamente, la más fea: está llena de tuberías que canalizan el agua. Pero la segunda y la tercera, más escondidas, son muy bonitas y no se parecen a nada de lo que habíamos visto en Uganda. La caminata dura unas cuatro horas y termina en un mirador precioso desde donde vemos caer el sol. En muchos sitios se promociona Sipi como el mejor lugar para ver el atardecer en Uganda — no diría tanto, pero tampoco está mal. Además, en esta zona de Uganda viven camaleones y vimos un par muy bonitos por el camino.

 

Nos alojamos en Rock Sipi Garden por solo 20 EUR. Es probablemente el lugar más justo del viaje, pero la calidad-precio es imbatible. No tiene agua corriente — nos dan bidones, probablemente traídos de las cascadas —, y por la noche hay muchos perros que no paran de ladrar. Pero por 20 EUR no nos podemos quejar.

Cascadas de Sipi

El guía era médico y tenía una farmacia en el pueblo. Trabajaba también de guía porque, según nos contó, era la única forma de llegar a fin de mes. Me gustó mucho conocerle y hablar con él. Como suele pasar, las conversaciones con la gente local son las que llenan de sentido el viaje — las que te llevan a entender formas de vida diferentes, a narrativas que ninguna guía escrita alcanza.

 

El paisaje de las cascadas es increíble, sobre todo las dos más apartadas — tienen un aire casi lunar, con vegetación distinta y piedras negras. La cascada principal y más accesible es, curiosamente, la más fea: está llena de tuberías que canalizan el agua.

Pero la segunda y la tercera, más escondidas, son muy bonitas y no se parecen a nada de lo que habíamos visto en Uganda.


La caminata dura unas cuatro horas y termina en un mirador precioso desde donde vemos caer el sol. En muchos sitios se promociona Sipi como el mejor lugar para ver el atardecer en Uganda — no diría tanto, pero tampoco está mal. Además, en esta zona de Uganda viven camaleones y vimos un par muy bonitos por el camino.

 

Nos alojamos en Rock Sipi Garden por solo 20 EUR. Es probablemente el lugar más justo del viaje, pero la calidad-precio es imbatible. No tiene agua corriente — nos dan bidones, probablemente traídos de las cascadas —, y por la noche hay muchos perros que no paran de ladrar. Pero por 20 EUR no nos podemos quejar.

Día 17. Traslado a Jinja y visita de las Fuentes del Nilo

De Sipi a Jinja son unas tres horas y media. El plan del día — el penúltimo en Uganda — es simple: hacer la famosa excursión a las Fuentes del Nilo y retirarnos a una villa con piscina a orillas del río para cerrar el viaje con calma.

Encontrar el nacimiento del Nilo obsesionó a exploradores durante más de dos milenios — desde los antiguos egipcios, cuya agricultura dependía de sus crecidas, hasta los griegos con sus míticas Montañas de la Luna. La respuesta no llegó hasta que en 1862 el británico John Hanning Speke, en el punto exacto donde el Nilo sale del Lago Victoria, resolvió el enigma. La rivalidad con su compañero de expedición Richard Burton — que nunca aceptó el hallazgo — es una de las grandes historias de la exploración del siglo XIX.

Habíamos leído que la excursión en barco a las Fuentes del Nilo no vale gran cosa, y en parte es cierto. El precio es muy negociable: nosotros pagamos 20 USD por persona (menos de la mitad de lo que nos ofrecieron al principio) y aun así me pareció desproporcionado para lo que es. Menos de una hora de travesía no demasiado hermosa hasta llegar a el punto exacto. Lo único que tiene, y no es poco, es la fuerza simbólica de estar justo allí, en el punto que tres milenios de exploradores intentaron encontrar. Tras la lectura de El río de los dioses de Candice Millard — que narra con detalle toda la historia entre Speke y Burton —, la visita cobra bastante más sentido. Aun así, se trata de una parada completamente prescindible si el tiempo o el dinero aprietan.

Jinja

Jinja en sí es una ciudad africana bastante típica, animada a su manera destartalada. Tras una comida copiosa en un restaurante local, ponemos rumbo al hotel Buyala Bliss on the Nile — una villa a orillas del Nilo por 79 EUR la noche. Súper recomendado. Tiene cocinera si quieres que te preparen la comida y cocina propia si prefieres hacértela tú mismo.

 

Nota extra: en Jinja es muy famoso hacer rafting o kayak en los rápidos del Nilo — es lo que se conoce como la capital del turismo de aventura de Uganda. Sin embargo, lo que no te suelen contar es que el agua del Nilo tiene esquistosomiasis, un parásito que se contrae simplemente por entrar en contacto con agua infectada. Las estadísticas son bastante contundentes. Un estudio del CDC — los Centros para el Control de Enfermedades de EE. UU. — encontró que hasta un 17% de los turistas que hacen rafting en el Nilo salen infectados. Otro estudio con militares estadounidenses en 2014 elevó esa cifra al 25%. Y contrariamente a lo que algunas empresas dicen — que el agua rápida es más segura —, se ha demostrado que el riesgo existe tanto en agua rápida como en agua estancada, sobre todo al entrar y salir del río. El parásito no da síntomas inmediatos y puede tardar semanas en manifestarse. A largo plazo daña órganos internos si no se trata. El tratamiento es sencillo — praziquantel, un antiparasitario — y debe tomarse cuatro a seis semanas después de la exposición. Aun así, sabiendo lo que sabíamos, preferimos no arriesgarnos.

Día 18. Traslado a Entebbe atravesando Kampala. Regreso a casa.

Nos trasladamos a Entebbe pasando por Kampala. Nuestro vuelo de vuelta es a las seis de la tarde. Ha sido un viaje inolvidable.

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