Dos semanas recorriendo la Costa Turquesa

Agosto 2025 – En esta guía compartiré recomendaciones sobre el viaje que realizamos para visitar las costas del Mediterráneo y del Egeo, desde Antalya hasta Pérgamo. Esta visita se enmarcó en un viaje de tres semanas por Turquía en las que también visitamos Estambul, la Capadocia Pamukkale. ¡No te pierdas las recomendaciones al final de esta entrada para preparar tu viaje!

Costa Turquesa

Playa de Delikli Koyu

¿Qué esperar de un viaje a la Costa Turquesa?

La Costa Turquesa recibe este nombre por el hermoso color de sus aguas mediterráneas. Es una zona perfecta para descansar en hermosas playas rodeadas de altísimas montañas que caen al mar, con aguas tranquilas y turquesas en una región donde abundan las ruinas licias y griegas.

 

Antes de viajar, me maravillé con la cuenta de Instagram de diana.in.diana, una chica que se mudó a esta zona y crea contenido hermosísimo sobre la vida tranquila y pausada de esta increíble región, lo cual me sirvió como inspiración para la organización del viaje. Sin embargo, al haber viajado en agosto —plena temporada alta—, me gustaría compartir algunas experiencias que no esperaba y que, en cierto modo, impactaron la experiencia: playas emblemáticas como Kaputaş en Kalkan y La Laguna Azul en Ölüdeniz son de pago, están repletas de sombrillas dispuestas en hileras y, en muchos casos, descuidadas y con mucho tráfico de acceso; constantemente llegan barcos turísticos enormes (con capacidad para 40-60 personas) que desembarcan en calitas pequeñas con música a todo volumen y bocinas (¡incluso había barcos temáticos piratas como si se tratara de un parque de atracciones!); y la presencia de turismo, tanto interno como extranjero, es abrumadora.

 

Eso sí, la imagen de la playa acompañada por la llamada a la oración de las mezquitas cercanas al caer la tarde fue algo nuevo para mí, que me sorprendió gratamente y que no olvidaré.

Ölüdeniz

Ölüdeniz

¿Cuándo viajar a la Costa Turquesa?

Todas estas experiencias —las playas comercializadas, los barcos turísticos y la saturación de visitantes— tienen un denominador común: agosto, plena temporada alta. Nosotros viajamos en este mes y, de poder, lo evitaría sin dudarlo. En su lugar, recomendaría ir en mayo-junio o en septiembre, cuando el turismo vacacional ha bajado considerablemente pero el agua aún está caliente y el sol aprieta. En playas como la de Çirali, el agua estaba más caliente que lo que recuerdo del Caribe, por lo que la temperatura del mar no sería un problema en absoluto. Dicho esto, si solo puedes viajar en agosto (como fue nuestro caso), el viaje merece la pena; simplemente creo que ir mentalizado sobre qué esperar te ayudará a planificar mejor la ruta y a gestionar las expectativas para disfrutar al máximo de lo que la Costa Turquesa tiene para ofrecer. Aunque el paisaje es hermoso y se disfruta, en agosto es fácil sentirse agobiado por la masificación de turismo y la infraestructura que este acarrea.

La Ruta Licia

La Ruta Licia (Lycian Way) es un sendero de gran recorrido de más de 500 km considerado uno de los mejores del mundo para el senderismo. Une Fethiye con Antalya atravesando la Costa Turquesa, montañas de hasta 3000 m, ruinas licias y aldeas remotas. Los licios fueron pueblos anatolios que habitaron esta región desde los siglos XIV-XIII a.C., hablaban su propia lengua y eran uno de los pocos pueblos no helénicos a los que los griegos no consideraban bárbaros. Los caminos de la ruta licia combinan antiguas calzadas romanas y senderos rocosos entre el mar y las escarpadas montañas, ideal para recorrer por tramos algunas de las playas y pueblos de esta guía.

Nuestro Itinerario en la Costa Turquesa

A continuación comparto el itinerario que seguimos junto con los lugares donde nos alojamos. Más adelante en esta entrada hablo sobre todos los lugares que visitamos en profundidad.

Pueblo de Alaçati

Pueblo de Alaçati

Día 1: Llegada a Antalya. Alquilamos un coche en el aeropuerto y ponemos rumbo a Çirali, donde pasamos la noche.

 

Días 2 y 3Días de relax en Çirali. Nuestro último atardecer caminamos hasta Yanartas. Noche en Çirali.

 

Día 4: Rumbo a la Bahía de Kekova, con parada en las Tumbas de Myra. Noche en el pueblo de Üçağız.

 

Día 5: Ruta en barco por la Bahía de Kekova. Noche en Üçağız.

 

Días 6, 7 y 8: Base en Kalkan para visitar la playa de Kaputaş, la playa y ruinas de Patara, y el pueblo de Kas.

 

Días 9 y 10: Visitamos Ölüdeniz, Amyntas Rock y el pueblo abandonado de Kayakoy. Noche cerca de Kayakoy.

 

Día 11: Ruinas de Éfeso y noche en Alaçati.

 

Día 12Alaçati y alrededores. Nos gusta especialmente la playa de Delikli Koyu.

 

Día 13: Ruinas de Pérgamo.

 

Día 14Pamukkale.

 

Día 15: Regreso a Antalya. Visita a la ciudad antes de devolver el coche en el aeropuerto y vuelo de regreso.

Pueblo de Alaçati

Día 1: Llegada a Antalya. Alquilamos un coche en el aeropuerto y ponemos rumbo a Çirali, donde pasamos la noche.

Días 2 y 3Días de relax en Çirali. Nuestro último atardecer caminamos hasta Yanartas. Noche en Çirali.

Día 4: Rumbo a la Bahía de Kekova, con parada en las Tumbas de Myra. Noche en el pueblo de Üçağız.

Día 5: Ruta en barco por la Bahía de Kekova. Noche en Üçağız.

Días 6, 7 y 8: Base en Kalkan para visitar la playa de Kaputaş, la playa y ruinas de Patara, y el pueblo de Kas.

Días 9 y 10: Visitamos Ölüdeniz, Amyntas Rock y el pueblo abandonado de Kayakoy. Noche cerca de Kayakoy.

Día 11: Ruinas de Éfeso y noche en Alaçati.

Día 12Alaçati y alrededores. Nos gusta especialmente la playa de Delikli Koyu.

Día 13: Ruinas de Pérgamo.

Día 14Pamukkale.

Día 15: Regreso a Antalya. Visita a la ciudad antes de devolver el coche en el aeropuerto y vuelo de regreso.

Cómo moverse por la Costa Turquesa: evita estafas al alquilar coche

El transporte público existe en esta zona de Turquía, aunque recomiendo encarecidamente alquilar un coche si tu presupuesto lo permite. Las ventajas son significativas: la independencia de llegar a las playas a primera hora de la mañana antes de que se masifiquen, y una mayor optimización del tiempo para aprovechar al máximo el viaje.

 

Eso sí, es fundamental escoger bien la empresa de alquiler para evitar experiencias como la nuestra. Habíamos reservado un coche para dos semanas con Wings / Yours Rental Car y aprendimos por las malas que es práctica común en pequeñas empresas del aeropuerto de Antalya alegar que tu tarjeta de crédito no funciona para obligarte a contratar un seguro extra mucho más caro. En nuestro caso, la situación fue mucho peor. Tras decirnos que nuestra tarjeta no funcionaba, directamente nos cancelaron la reserva de 465 EUR ya pagada. Por supuesto, este dinero se negaron a devolverlo aludiendo a que era un problema nuestro causado por la tarjeta. Afortunadamente, tras semanas de gestiones, conseguimos que nuestro banco ejecutara una petición de reembolso alegando que nuestra tarjeta sí funcionaba y declarando la actividad como estafa. Sin embargo, esto no nos ahorró tener que alquilar un coche de urgencia con Avis por 1000 EUR (71 EUR/día). Mi consejo es claro: ten cuidado al alquilar coche en Antalya. Según hemos leído, lo que nos ocurrió es desafortunadamente común a menos que alquiles con compañías reconocidas como Avis, Hertz, Sixt o Enterprise, aunque el precio parezca más elevado. A nosotros, lo barato nos salió muy caro.

 

Con respecto al seguro, nosotros contratamos seguro a todo riesgo para toda la estadía en Turquía (Capadocia y Antalya). Para ello usamos Rentalcover, y que nos ofreció cobertura por 135 EUR para 18 días.

Qué visitar en la Costa Turquesa

1. Playa de Çirali

Nuestra primera parada fue la playa de Çıralı, una extensa franja costera de aproximadamente 3 kilómetros de longitud situada a una hora y media de Antalya. Se caracteriza por ser una bahía tranquila, rodeada por altas montañas y pinares, lo que le otorga un ambiente virgen y natural, lejos de las grandes aglomeraciones turísticas. Es una zona muy salvaje y apenas pavimentada; casi todos son caminos de tierra. Se divide en dos partes: la playa de Olimpos, que es la zona más edificada, y la playa de Çirali, la parte más salvaje

Nosotros nos alojamos en la zona más salvaje, en Çirali Friends Pension, una pensión familiar y agradable regentada por Demet, una mujer encantadora. La primera noche, en vistas de los problemas que tuvimos con el coche de alquiler, llegamos a la una y media de la mañana y aún así nos esperó para poder hacer el check-in.

 

La mejor forma de movernos en Çirali es en bicicleta —te recomiendo confirmar que tu alojamiento tenga disponibles para huéspedes, puesto que puede ser un elemento diferenciador a la hora de elegir hotel. A nosotros nos fueron súper útiles, y aunque hay muchos caminos no señalizados, con maps.me más o menos nos pudimos orientar.

 

En todo Çirali (tanto en la playa de Olimpos como en la de Çirali) hay zonas con hamacas y sombrillas para el sol y zonas sin sombrillas para todo aquel que quiera poner su toalla. En la playa Olimpos, hay una zona de restaurantes frente al mar que ofrecen hamacas gratis a los clientes. En la playa de Çirali, hay hamacas y sombrillas propiedad de algunos hoteles, aunque lo cierto es que al ser una playa tan grande, las hamacas no están vigiladas. Nosotros usamos durante muchas horas las hamacas y sombrillas de un camping sin que nadie nos dijera nada. 

¿Qué hacer en Çirali?

Çirali es un destino perfecto para descansar, disfrutar del mar, dar paseos por una playa enorme y no masificada. En el extremo de la playa de Olimpos hay un peñón y una zona muy hermosa para practicar esnórquel (Porto Ceneviz Koyu). 

Playa de Çirali

Playa de Çirali

Nosotros nos alojamos en la zona más salvaje, en Çirali Friends Pension, una pensión familiar y agradable regentada por Demet, una mujer encantadora. La primera noche, en vistas de los problemas que tuvimos con el coche de alquiler, llegamos a la una y media de la mañana y aún así nos esperó para poder hacer el check-in.

 

La mejor forma de movernos en Çirali es en bicicleta —te recomiendo confirmar que tu alojamiento tenga disponibles para huéspedes, puesto que puede ser un elemento diferenciador a la hora de elegir hotel. A nosotros nos fueron súper útiles, y aunque hay muchos caminos no señalizados, con maps.me más o menos nos pudimos orientar.

Playa de Çirali

Playa de Çirali

En todo Çirali (tanto en la playa de Olimpos como en la de Çirali) hay zonas con hamacas y sombrillas para el sol y zonas sin sombrillas para todo aquel que quiera poner su toalla. En la playa Olimpos, hay una zona de restaurantes frente al mar que ofrecen hamacas gratis a los clientes. En la playa de Çirali, hay hamacas y sombrillas propiedad de algunos hoteles, aunque lo cierto es que al ser una playa tan grande, las hamacas no están vigiladas. Nosotros usamos durante muchas horas las hamacas y sombrillas de un camping sin que nadie nos dijera nada. 

¿Qué hacer en Çirali?

Çirali es un destino perfecto para descansar, disfrutar del mar, dar paseos por una playa enorme y no masificada. En el extremo de la playa de Olimpos hay un peñón y una zona muy hermosa para practicar esnórquel (Porto Ceneviz Koyu). 

Nosotros llevábamos las máscaras de buceo desde España y en nuestro segundo día pasamos un par de horas nadando: hay un par de cuevas y se puede ver vida marina. ¡En nuestro caso encontramos calamares!

 

En esta misma zona, se encuentran las ruinas de Olimpos. La visita tiene un coste de diez euros (a excepción de aquellas personas que cuentan con el tarjeta de visita de monumentos del Mediterráneo o de Turquía activos), pero Demet, nuestra anfitriona, nos comentó que en caso de ir a las seis de la mañana y antes de la apertura oficial, las ruinas se pueden visitar sin problema porque el acceso desde la playa no tiene ninguna valla, y solo un guarda de seguridad controla la entrada durante los horarios de apertura. Nosotros aún así decidimos prescindir de esta visita por lo que no podemos constatarlo.

 

Çirali es también la base perfecta desde la que visitar Yanartaş (“piedra caliente” en turco), una montaña conocida por los fuegos que brotan de sus rocas debido a emisiones naturales de metano que han ardido de forma casi continua durante miles de años, dando origen al mito de la Quimera. Nosotros fuimos hasta este fascinante lugar al atardecer de nuestra última noche en Çirali. Desde Çirali Friends Pension hay apenas veinte minutos de caminata hasta el aparcamiento de entrada, desde donde comienza una subida bastante intensa de unos treinta minutos hasta alcanzar los fuegos. Nosotros llevamos unas cervezas y disfrutamos del cielo estrellado. Mis dos recomendaciones para visitar Yanartaş son llevar calzado cerrado, ya que el sendero de subida discurre sobre piedras desgastadas que pueden resultar resbaladizas, y realizar la visita de noche. Durante el día, con la luz del sol, apenas se aprecian los fuegos; en cambio, al anochecer resultan mucho más impresionantes. 

Fuegos de Yanartas

Fuegos de Yanartas, junto a la playa de Çirali

2. Bahía de Kekova

La bahía de Kekova es uno de los paisajes más singulares de la costa mediterránea de Turquía. Es conocida por sus aguas increíblemente cristalinas y tranquilas, pero también por la presencia de una antigua ciudad licia parcialmente sumergida y por los sarcófagos que emergen del mar. Esta antigua población quedó bajo las aguas tras una serie de terremotos ocurridos en el siglo II d. C., y hoy sus ruinas pueden contemplarse desde el mar navegando frente a la isla de Kekova.

¿Dónde alojarse en Kekova: Üçağız o Kaleköy?

La zona cuenta con dos pequeños pueblos: Üçağız y Kaleköy. Nosotros nos alojamos en Baba Veli Pansiyon en Üçağız, desde donde salen la mayoría de excursiones en barco. Sin embargo, con la experiencia habría preferido Kaleköy, más remoto y menos transitado. Un detalle importante es que Üçağız, funciona como puerto, razón por la cual está prohibido el baño; para bañarse hay que ir a la playa de Kaleköy o a una pequeña playa junto a la ciudad sumergida, a la cual solo se puede llegar en barco. Si viajas en temporada alta, recomiendo pasar al menos una noche en la bahía, para disfrutar de las primeras horas y del atardecer, cuando está mucho más tranquila.

Bahía de Kekova
¿Qué hacer en Kekova?

Playa de Kaleköy

Nuestra primera tarde fuimos a la playa de Kaleköy. El hotel nos ofreció traslado gratuito en barca desde Üçağız, un trayecto corto que ya permite disfrutar del paisaje. Kaleköy es hermosísimo, especialmente al atardecer. Su pequeña playa es una de las imágenes más icónicas de Kekova por el sarcófago licio parcialmente sumergido en el agua. Algunos historiadores creen que la forma de estas tumbas podría relacionarse con una antigua costumbre funeraria: colocar a los muertos en una barca volcada. El pueblo está rodeado de tumbas licias entre la vegetación o emergiendo del mar como antiguos gigantes petrificados. Desde el centro también se puede subir al antiguo castillo, desde donde se obtiene una de las mejores vistas de la bahía.

Visitar Kaleköy y su sarcófago en el mar

Nuestra primera tarde fuimos a la playa de Kaleköy. El hotel nos ofreció traslado gratuito en barca desde Üçağız, un trayecto corto que ya permite disfrutar del paisaje. Kaleköy es hermosísimo, especialmente al atardecer. Su pequeña playa es una de las imágenes más icónicas de Kekova por el sarcófago licio parcialmente sumergido en el agua. Algunos historiadores creen que la forma de estas tumbas podría relacionarse con una antigua costumbre funeraria: colocar a los muertos en una barca volcada. El pueblo está rodeado de tumbas licias entre la vegetación o emergiendo del mar como antiguos gigantes petrificados. Desde el centro también se puede subir al antiguo castillo, desde donde se obtiene una de las mejores vistas de la bahía.

 

Navegar por la bahía y su ciudad sumergida

A la mañana siguiente contratamos una excursión privada en barco de dos horas para recorrer la bahía completa; en mi opinión, una actividad imprescindible para ver las ruinas sumergidas. Está prohibido nadar sobre ellas, así que solo se pueden ver desde el barco, desde donde se distinguen los restos de muros, escaleras y construcciones que quedaron bajo el mar tras los terremotos.

Nuestra excursión, organizada por el hotel, costó 4.000 liras turcas (unos 80€). Al terminar pedimos que nos dejaran en una pequeña playa junto a la ciudad sumergida, donde pasamos el resto del día. La vida marina es extraordinaria. Realizamos esnórquel en una zona llamada Aquarium por la transparencia del agua y abundancia de peces: encontramos muchísimos peces león, peces globo, gambas, pepinos de mar ¡e incluso una morera! Nadar en estas aguas tranquilas y claras fue una de una experiencia de diez.

 

Kayak en Kekova

Nuestra idea inicial era explorar la bahía en kayak, pero nos informaron que solo está permitido con guía y en grupo grande debido a la alta afluencia de barcos. Además, las excursiones salen desde el pueblo de Kas, por lo que terminamos descartando este plan.

Bahía de Kekova

Bahía de Kekova

Consejos prácticos para visitar Kekova

Si visitas Kekova en temporada alta, algunos detalles marcan la diferencia. Nuestra excursión comenzó a las 9:30 y durante la primera parte prácticamente no había nadie. La mayoría de tours empiezan a partir de las 10:00, cuando la bahía se llena rápidamente de barcos. Uno de los inconvenientes del verano es la llegada de grandes embarcaciones con grupos de hasta cincuenta personas, música y bastante ruido. Recomendaría comenzar incluso a las 9:00 para disfrutar con más tranquilidad. También conviene saber que durante las horas centrales encontrar aparcamiento en Üçağız resulta complicado si no dispones de parking en el hotel.

¿Dónde comer en Kekova?

Nuestra última noche cenamos en Eva Restaurant, en Üçağız, sobre una pasarela que se adentra en el mar. La decoración, el lugar y la luz suave de una lamparita hicieron de este un momento hermoso. El momento más inesperado llegó cuando una enorme tortuga caretta apareció nadando bajo nuestros pies. Conviene reservar.

 

En Kaleköy, el restaurante de Teras Paradise Guest House me pareció idílico. Nosotros no cenamos allí, pero tomamos un helado en sus hermosas mesitas junto al mar al atardecer.

3. Tumbas de Myra

Situadas a las afueras de Demre, las tumbas de Myra forman parte de un antiguo asentamiento licio. Del yacimiento se conservan numerosos sepulcros excavados en las paredes rocosas de la montaña, al pie de la cual se alza un majestuoso teatro. La entrada cuesta 13 EUR y, aunque la visita se puede hacer en 15-30 minutos, merece la pena. 

Tumbas de Myra

Tumbas de Myra

En nuestro caso habíamos pensado visitarla en el trayecto de Çirali a Kekova, pero al ser mediodía decidimos pasarlo por alto y volver al atardecer, conduciendo desde Kekova hasta Myra para disfrutarlo con mejor luz y menos calor (cuando nosotros visitamos las ruinas, el horario de apertura era hasta las 21.00)

 

En Demre también se conserva la iglesia bizantina de San Nicolás, obispo de la ciudad en el siglo IV y conocido por ser el origen de la figura de Santa Claus (para mí fue un descubrimiento interesantísimo que Santa Claus fuera turco, y no de un país escandinavo). Nosotros decidimos no entrar en la iglesia porque el precio (17 EUR) nos pareció excesivo. Esta no era la primera ocasión en el viaje de tres semanas que realizamos en Turquía en que encontrábamos entradas a precios altísimos para visitar iglesias, mientras que todas las mezquitas otomanas permiten el acceso gratuito por ser consideradas lugar de culto. Para mí, esto demuestra que Turquía, más allá de su secularismo formal, refleja en sus políticas  una identidad profundamente islámica.

 

¡Importante! Ambos monumentos son de entrada gratuita con la tarjeta de visita de monumentos del Mediterráneo o de Turquía. 

4. Pueblo de Kas

Habíamos oído maravillas del pueblo de Kas, situado entre la Bahía de Kekova y Kalkan. Enclavado a pie de mar, al descenso de un profundo acantilado, este encantador pueblo conserva el sabor de sus casitas otomanas. Nosotros pasamos una mañana paseando por sus calles empedradas. El aparcamiento nos resultó sencillo y gratuito: aparcamos en la parte alta (añado pin de maps con la zona) y bajamos caminando unos diez minutos hasta el casco antiguo.

 

Para mí, sin lugar a dudas, la calle más bonita es la que alberga la tumba licia conocida como la Tumba del Rey. Tras recorrer las calles del centro del casco antiguo de Kas —no son muchas y se pueden ver en media hora aproximadamente—, puedes acercarte al Teatro Antifelo.

 

El día que nosotros fuimos apretaba muchísimo el calor, por lo que hicimos una parada larga en la cafetería Nokta Café para tomar un café helado riquísimo. Otra opción sería ir a la zona de cafeterías frente al mar, en la carretera que lleva al Teatro, ya que cuentan con accesos al mar reservados para clientes. Nosotros decidimos no complicarnos, puesto que en nuestra siguiente parada nos esperaba un hotel con accesos directos al mar. Eso sí, al teatro nos acercamos: es gratuito y merece la pena. Al atardecer debe de ser precioso.

5. Kalkan: base para explorar Kaputaş y Patara

Pueblo de Kas

Pueblo de Kas

Habíamos oído maravillas del pueblo de Kas, situado entre la Bahía de Kekova y Kalkan. Enclavado a pie de mar, al descenso de un profundo acantilado, este encantador pueblo conserva el sabor de sus casitas otomanas. Nosotros pasamos una mañana paseando por sus calles empedradas. El aparcamiento nos resultó sencillo y gratuito: aparcamos en la parte alta (añado pin de maps con la zona) y bajamos caminando unos diez minutos hasta el casco antiguo.

Para mí, sin lugar a dudas, la calle más bonita es la que alberga la tumba licia conocida como la Tumba del Rey. Tras recorrer las calles del centro del casco antiguo de Kas —no son muchas y se pueden ver en media hora aproximadamente—, puedes acercarte al Teatro Antifelo.

Pueblo de Kas

Pueblo de Kas

El día que nosotros fuimos apretaba muchísimo el calor, por lo que hicimos una parada larga en la cafetería Nokta Café para tomar un café helado riquísimo. Otra opción sería ir a la zona de cafeterías frente al mar, en la carretera que lleva al Teatro, ya que cuentan con accesos al mar reservados para clientes. Nosotros decidimos no complicarnos, puesto que en nuestra siguiente parada nos esperaba un hotel con accesos directos al mar. Eso sí, al teatro nos acercamos: es gratuito y merece la pena. Al atardecer debe de ser precioso.

5. Kalkan: base para explorar Kaputaş y Patara

Hicimos base durante tres noches en el Patara Prince Hotel & Resort, en el pueblo de Kalkan, y desde allí visitamos Kaputaş Beach, Patara Beach y las ruinas del mismo nombre. Fue, sin duda, una de las mejores decisiones del viaje. El hotel contaba con varias piscinas y accesos privados al mar que aportaban muchísimo valor a la estancia, hasta el punto de que terminamos dedicando más tiempo del previsto a disfrutar del Mediterráneo desde allí.

Playa de Kaputaş

La playa de Kaputaş está considerada una de las más bonitas de Turquía y, sin duda, lo es: una pequeña cala de aguas intensamente turquesas encajada entre acantilados. Sin embargo, su localización —a pie de carretera, con muy pocas opciones de aparcamiento— y su reducido tamaño hacen que la experiencia no sea especialmente agradable.

 

Nuestro hotel se encontraba a apenas doce minutos en coche, así que decidimos madrugar para evitar problemas. A las 8:50 ya estábamos allí, pero lejos de ser los primeros en llegar. La sorpresa fue mayor al descubrir que, además, se trataba de una playa de pago (50 TL por persona) completamente ocupada por filas de hamacas y sombrillas, prácticamente sin espacio libre para colocar una toalla.

 

Cada elemento se pagaba por separado (130 TL por hamaca o sombrilla), lo que hacía que el precio se disparase con facilidad: en nuestro caso, dos tumbonas y una sombrilla ascendían a 390 TL por apenas unas horas de playa.

Ruinas de Patara

Ruinas de Patara

Terminamos alquilándolas —no había demasiada alternativa— mientras la playa seguía llenándose. La sensación era de saturación constante: gente llegando sin parar, autobuses turísticos deteniéndose en la carretera, tráfico acumulándose y decenas de personas descendiendo hacia una cala en la que ya parecía no caber nadie más. Apenas aguantamos tres horas. A pesar de haber pagado las hamacas para todo el día, decidimos marcharnos y refugiarnos en la tranquilidad del hotel, que en ese momento nos pareció un auténtico lujo.

Playa y Ruinas de Patara

Visitamos Patara Beach a la mañana siguiente. El contraste con Kaputaş no podía ser mayor. Aquí no hay sensación de agobio: se trata de una playa inmensa y salvaje, con cerca de 18 kilómetros de longitud.

Se puede acceder tanto desde una zona de altas dunas como desde ruinas de Patara (cuya entrada cuesta 15 € salvo que se disponga del pase de monumentos de la zona). Nosotros comenzamos por las dunas, que, aunque interesantes, con el sol alto pierden parte de su atractivo. Intuyo que al atardecer deben de ganar muchísimo.

Después nos dirigimos hacia las ruinas, situadas en un entorno especialmente bonito junto al mar. La visita nos gustó, y tras un par de horas de ruinas decidimos acercarnos a la playa. Sin embargo, no tuvimos suerte con el mar: el agua estaba bastante revuelta, algo que nos sorprendió porque no había viento ni lo había habido en días anteriores. Nos hizo pensar que en una playa tan abierta es fácil que se forme oleaje incluso sin condiciones aparentemente adversas.

Ruinas de Patara

Ruinas de Patara

Terminamos alquilándolas —no había demasiada alternativa— mientras la playa seguía llenándose. La sensación era de saturación constante: gente llegando sin parar, autobuses turísticos deteniéndose en la carretera, tráfico acumulándose y decenas de personas descendiendo hacia una cala en la que ya parecía no caber nadie más. Apenas aguantamos tres horas. A pesar de haber pagado las hamacas para todo el día, decidimos marcharnos y refugiarnos en la tranquilidad del hotel, que en ese momento nos pareció un auténtico lujo.

Playa y Ruinas de Patara

Visitamos Patara Beach a la mañana siguiente. El contraste con Kaputaş no podía ser mayor. 

Aquí no hay sensación de agobio: se trata de una playa inmensa y salvaje, con cerca de 18 kilómetros de longitud.

Se puede acceder tanto desde una zona de altas dunas como desde ruinas de Patara (cuya entrada cuesta 15 € salvo que se disponga del pase de monumentos de la zona). Nosotros comenzamos por las dunas, que, aunque interesantes, con el sol alto pierden parte de su atractivo. Intuyo que al atardecer deben de ganar muchísimo.

Después nos dirigimos hacia las ruinas, situadas en un entorno especialmente bonito junto al mar. La visita nos gustó, y tras un par de horas de ruinas decidimos acercarnos a la playa. Sin embargo, no tuvimos suerte con el mar: el agua estaba bastante revuelta, algo que nos sorprendió porque no había viento ni lo había habido en días anteriores. Nos hizo pensar que en una playa tan abierta es fácil que se forme oleaje incluso sin condiciones aparentemente adversas.

Pueblo de Kalkan

El pueblo de Kalkan me gustó mucho, aunque me llamó la atención la fuerte presencia inglesa. Mientras que en Çıralı predominaba el turismo ruso, aquí la sensación era la de estar en un pequeño enclave vacacional británico. Aun así, pasear por sus calles empinadas de piedra, con casas de arquitectura típica de la costa turca y fachadas especialmente cuidadas, resulta muy agradable. Una de las noches cenamos en el Ski Ev Terrace Restaurant, una elección que recomendaríamos sin dudar. La comida estaba realmente buena y fue un broche perfecto para nuestra estancia en la zona.

6. Fethiye, Oludeniz y Kayakoy

Ubicados en la misma zona de la costa, Fethiye, Ölüdeniz y Kayaköy forman una especie de triángulo muy fácil de recorrer. Fethiye es una ciudad con mucha vida y servicios; desde ahí, en unos 15 minutos de carretera entre montañas, llegas a Ölüdeniz, donde está la famosa playa y la laguna. Y entre ambos, pero hacia el interior y en lo alto, queda Kayaköy, un antiguo pueblo griego abandonado con un poco de infraestructura hotelera (aunque no demasiada), donde se respira calma y tranquilidad. 


A esta zona le dedicamos un día y medio, haciendo base en el hotel Mossa Afkule, en el poblado de Kayakoy. Teníamos bastante claro que Fethiye no nos iba a aportar demasiado y ni siquiera lo incluimos en la ruta (a excepción de una visita rápida a las tumbas de Amyntas): por lo que habíamos leído, es un lugar con bastante vida nocturna, chiringuitos con música y una playa muy urbanizada, justo lo contrario de lo que buscábamos en este viaje. 

Kayaköy, en cambio, nos ofreció exactamente esa tranquilidad. Este valle salpicado de casas de piedra del antiguo pueblo griego cuenta con pocos restaurantes y escasa oferta hotelera. Nuestro alojamiento, con piscina, estaba en plena naturaleza, y disfrutamos mucho de la calma del lugar, solo interrumpida por el canto incesante de las chicharras. Las habitaciones contaban con terraza privada y jacuzzi, aunque no llegamos a usarlo. Aunque no puedes ir caminando a la playa, está cerca en coche de algunas de las playas más bonitas y menos masificadas de la zona, así que para nosotros fue un acierto total. Además, tanto la cena como el almuerzo que hicimos allí estaban muy ricos.

Tumbas de piedra de Amyntas (Amyntas Rock)

Para nosotros, las tumbas de Amyantas fueron la puerta de entrada en el área de Fethiye-Ölüdeniz. Se trata de un conjunto de tumbas licias excavadas en la roca que merece la pena la parada (3 EUR), aunque es una visita rápida que se puede ver perfectamente en 15 minutos, o en 30 si te recreas haciendo fotografías y descansando en la tumba. Como es un lugar pequeño y con poca sombra donde continuamente van llegando turistas, no resulta del todo agradable permanecer más tiempo de la cuenta. A apenas cinco minutos andando, hay un restaurante llamado Köşe Kahve fethiye donde hicimos un brunch delicioso: me gustó mucho y me pareció que estaba muy bien de precio. 

Tumbas de Amyntas

Tumbas de Amyntas

Playa de Darboğaz

Incluimos esta playa en nuestra ruta casi por casualidad.

Tumbas de Amyntas

Tumbas de Amyntas

Kayaköy, en cambio, nos ofreció exactamente esa tranquilidad. Este valle salpicado de casas de piedra del antiguo pueblo griego cuenta con pocos restaurantes y escasa oferta hotelera. Nuestro alojamiento, con piscina, estaba en plena naturaleza, y disfrutamos mucho de la calma del lugar, solo interrumpida por el canto incesante de las chicharras. Las habitaciones contaban con terraza privada y jacuzzi, aunque no llegamos a usarlo. Aunque no puedes ir caminando a la playa, está cerca en coche de algunas de las playas más bonitas y menos masificadas de la zona, así que para nosotros fue un acierto total. Además, tanto la cena como el almuerzo que hicimos allí estaban muy ricos.

Tumbas de Amyntas

Tumbas de Amyntas

Tumbas de piedra de Amyntas (Amyntas Rock)

Para nosotros, las tumbas de Amyantas fueron la puerta de entrada en el área de Fethiye-Ölüdeniz. Se trata de un conjunto de tumbas licias excavadas en la roca que merece la pena la parada (3 EUR), aunque es una visita rápida que se puede ver perfectamente en 15 minutos, o en 30 si te recreas haciendo fotografías y descansando en la tumba. Como es un lugar pequeño y con poca sombra donde continuamente van llegando turistas, no resulta del todo agradable permanecer más tiempo de la cuenta. A apenas cinco minutos andando, hay un restaurante llamado Köşe Kahve fethiye donde hicimos un brunch delicioso: me gustó mucho y me pareció que estaba muy bien de precio. 

Playa de Darboğaz

Incluimos esta playa en nuestra ruta casi por casualidad.

Se encontraba a pocos minutos en coche desde nuestro alojamiento, pero terminó resultando uno de los lugares más bonitos (y salvajes) que visitamos en la zona. Fuimos en la primera tarde, tras la visita a las tumbas de Amyntas y hacer check-in en el hotel.

 

Se trata de una playa sin infraestructura turística donde ni siquiera había parking, por lo que debíamos dejar el coche al lado de la carretera desde donde sale el sendero hacia la playa. Cuando nosotros fuimos había más coches aparcados, lo que facilitó encontrar el lugar. De ir sin que haya nadie, tampoco debe ser muy difícil: únicamente hay que aparcar junto a la carretera, al inicio del sendero que indica Google Maps. Desde allí, se caminan unos 15-20 minutos por un sendero estrecho y con bastante pendiente.

 

La playa bien merece la caminata: el color del agua y la ausencia de hamacas (algo difícil de encontrar en esta parte de la costa turca) hacen del lugar una maravilla. Como único elemento negativo —aunque bastante negativo— había bastantes moscas que mordían y algunas avispas hostiles. Nos quedamos un par de horas, justo para realizar el camino de regreso al coche durante la hora dorada del atardecer y poder disfrutar de un hermoso atardecer desde la parte superior del camino, donde había unas vistas preciosas de la bahía.

Oludeniz

Playa de Darnogaz

Playa de Ölüdeniz y la Laguna Azul

Ojalá pudiera decir que nuestra visita a la Laguna Azul —considerada la playa más hermosa de Turquía— estuvo a la altura de las expectativas, pero la realidad fue bastante diferente.

 

Siguiendo la recomendación del hotel, llegamos a las 7:30 de la mañana, justo cuando abrían las puertas. Ya en ese momento había cola para acceder al parking, lo cual debería habernos servido de advertencia. La entrada costaba 500 TL e incluía parking y acceso para dos personas, y aunque el parking era inmenso, pronto entenderíamos por qué.

 

La playa de Ölüdeniz se divide en dos zonas claramente diferenciadas: a la izquierda, mirando hacia el mar, se extiende Belcekiz, una larga playa de arena; a la derecha se encuentra la famosa Laguna Azul (Blue Lagoon), el motivo de nuestro madrugón. Nos dirigimos directamente hacia la laguna, sabiendo que habría hamacas, pero al llegar nos encontramos con algo mucho peor de lo esperado: las tumbonas estaban literalmente pegadas unas con otras, sin apenas espacio para pasar entre ellas, y todo el entorno lucía bastante descuidado y sucio. La sensación era más la de un almacén de hamacas que la de una playa paradisíaca.

 

Al ser de los primeros en llegar, conseguimos un par de hamacas en primera línea de mar. Durante la primera media hora, con la playa aún tranquila y el paisaje espectacular frente a nosotros, la experiencia fue maravillosa. El agua estaba en calma absoluta y el entorno, rodeado de montañas, resultaba verdaderamente impresionante. Por un momento, entendimos por qué este lugar tiene tanta fama.

La Laguna Azul

La Laguna Azul

Pero la calma duró poco. Pronto comenzaron a llegar los barcos turísticos —enormes embarcaciones con música a todo volumen— que no paraban de entrar y salir de la laguna, rompiendo la tranquilidad del lugar.

 

Mientras tanto, las hamacas se iban llenando rápidamente de gente, y sobre las 9:00 o 9:30 llegó el momento de la verdad: nos vinieron a cobrar las hamacas, que tenían un precio de 2.200 TL por persona. Para entonces, la playa ya había perdido completamente su encanto inicial. Gente por todas partes, gritos, bañistas con bebidas en la mano, el ruido constante de los barcos… y avispas.

 

Decidimos levantarnos sin pagar las hamacas y nos trasladamos a la playa de arena de Belcekiz. Aunque los barcos seguían pasando, al menos podíamos estar tranquilos con nuestra toalla en la arena, sin el agobio de las hileras de hamacas apiñadas. Es una pena, porque Belcekiz también es una playa preciosa, pero en comparación con la laguna, da cierta frustración no poder disfrutar de la parte más emblemática del lugar. Eso sí, ver los parapentes sobrevolando la bahía fue un espectáculo hermoso que compensó en parte la experiencia.

 

Cuando nos marchamos, sobre las 12:30, la situación en la entrada era caótica: la cola de acceso era kilométrica y el parking estaba completamente lleno, de modo que solo se podía entrar cuando se liberaba un espacio. Calculamos que la espera debía rondar las dos horas como mínimo, lo que confirma que madrugar es absolutamente esencial si quieres disfrutar del lugar con algo de tranquilidad.

La Laguna Azul

La Laguna Azul

Pero la calma duró poco. Pronto comenzaron a llegar los barcos turísticos —enormes embarcaciones con música a todo volumen— que no paraban de entrar y salir de la laguna, rompiendo la tranquilidad del lugar.

 

Mientras tanto, las hamacas se iban llenando rápidamente de gente, y sobre las 9:00 o 9:30 llegó el momento de la verdad: nos vinieron a cobrar las hamacas, que tenían un precio de 2.200 TL por persona. Para entonces, la playa ya había perdido completamente su encanto inicial. Gente por todas partes, gritos, bañistas con bebidas en la mano, el ruido constante de los barcos… y avispas.

 

Decidimos levantarnos sin pagar las hamacas y nos trasladamos a la playa de arena de Belcekiz. 

Aunque los barcos seguían pasando, al menos podíamos estar tranquilos con nuestra toalla en la arena, sin el agobio de las hileras de hamacas apiñadas. Es una pena, porque Belcekiz también es una playa preciosa, pero en comparación con la laguna, da cierta frustración no poder disfrutar de la parte más emblemática del lugar. Eso sí, ver los parapentes sobrevolando la bahía fue un espectáculo hermoso que compensó en parte la experiencia.

 

Cuando nos marchamos, sobre las 12:30, la situación en la entrada era caótica: la cola de acceso era kilométrica y el parking estaba completamente lleno, de modo que solo se podía entrar cuando se liberaba un espacio. Calculamos que la espera debía rondar las dos horas como mínimo, lo que confirma que madrugar es absolutamente esencial si quieres disfrutar del lugar con algo de tranquilidad.

Surge la pregunta inevitable: ¿realmente merece la pena estar en una playa a las 7:30 de la mañana para tener que marcharte a las 9:30 porque ya resulta desagradable? Para nosotros, la Laguna Azul fue una de las experiencias más decepcionantes del viaje, un recordatorio de que a veces la fama de un lugar puede jugar en su contra cuando la masificación turística y la falta de cuidado lo transforman por completo.

Kayaköy: el pueblo griego abandonado.

Como ya comentamos previamente, nosotros nos alojamos en el área cercana a Kayaköy. Kayaköy fue una próspera comunidad greco-ortodoxa hasta 1923, cuando el intercambio de poblaciones entre Grecia y Turquía tras la Guerra de Independencia turca dejó el pueblo completamente desierto (un episodio histórico muy interesante sobre el que se puede aprender más con la Loxandra, una lectura muy dulce de la escritora María Iordanidu). Hoy en día, sus cientos de casas de piedra en ruinas, junto con dos iglesias y una escuela, conforman un paisaje fantasmal y evocador que ha sido declarado sitio histórico protegido. Pasear entre sus callejuelas empedradas y edificios abandonados al atardecer es como caminar por un museo al aire libre que cuenta la historia de una comunidad que desapareció de la noche a la mañana.


La entrada cuesta 3 EUR a pagar en efectivo, aunque el encargado de cobrar se marcha sobre las 19:30. Como no hay ninguna barrera como tal, entendemos que después de esa hora se podría acceder gratuitamente.


Para comer, recomendamos el restaurante Zeus Kayakoy, donde disfrutamos de una comida deliciosa en un ambiente tranquilo.

Kayaköy

Pueblo abandonado de Kayaköy

Faralya Village

Aunque nosotros no tuvimos tiempo de ir, oímos maravillas de esta zona. Se trata de un pequeño pueblo situado en lo alto de un acantilado con vistas espectaculares al Mediterráneo. Para llegar hay que recorrer una estrecha carretera de montaña desde Ölüdeniz —unos 14 kilómetros que pueden llevar alrededor de 30 minutos—, aunque las vistas panorámicas bien merecen la pena.

 

Al pie de este impresionante acantilado de hasta 350 metros de altura se encuentra Butterfly Valley (Kelebekler Vadisi), una playa paradisíaca accesible principalmente por barco desde Ölüdeniz o mediante una exigente caminata de descenso desde Faralya. Hemos oído maravillas de esta playa, especialmente en temporada baja, cuando la tranquilidad del valle —hogar de más de 80 especies de mariposas— se puede disfrutar sin las aglomeraciones del verano.

7. Las Ruinas de Éfeso

Las Ruinas de Éfeso, con su impresionante Biblioteca del Celso y su gran teatro son uno de los yacimientos arqueológicos mejor conservados y más visitados del país. Y eso tiene una consecuencia clara: es prácticamente imposible recorrerlas en soledad. O al menos eso pensábamos. Nosotros, casi sin querer, cometimos un “error” que terminó jugando totalmente a nuestro favor y nos permitió quedarnos disfrutar de la Biblioteca de Celso a la hora del cierre prácticamente solos. Te cuento cómo fue.

 

Ese día habíamos salido desde Ölüdeniz por la mañana y llegamos a Éfeso sobre las 16:15. Las ruinas cerraban a las 19.00 así que entramos con el tiempo justo.

Ruinas de Éfeso

El recinto tiene dos entradas situadas en extremos opuestos. La gran mayoría de visitantes entra por una de ellas, que es también donde se concentran los accesos principales, los autobuses y el mayor flujo de gente.

 

Nosotros, en cambio, accedimos por error por la otra entrada, dejando el coche en un parking no oficial cercano que además nos cobraba extra (150 TL). En ese momento no parecía la mejor opción, pero como teníamos prisa, decidimos quedarnos allí. Terminó siendo un gran acierto.

 

La visita nos llevó unas 2 horas y media aproximadamente. Como todas las otras entradas a los monumentos estatales de Turquía, las entradas incluyen servicio de audiogüía de manera que realizamos la visita con calma, escuchando las explicaciones de los diferentes sectores que íbamos viendo.

 

Al final de la visita, a la hora del cierre, los guardas comenzaron a desalojar el recinto. Y es en este momento, en que el que el error de haber seleccionado la entrada con parking de pago resultó ser de lo más conveniente.

 

Al estar en el extremo contrario al acceso principal, cuando los guardias comienzan a desalojar el recinto a la hora del cierre, la gran masa de visitantes se dirige en una única dirección de salida… mientras tú avanzas en la contraria. 

Ruinas de Éfeso

El recinto tiene dos entradas situadas en extremos opuestos. La gran mayoría de visitantes entra por una de ellas, que es también donde se concentran los accesos principales, los autobuses y el mayor flujo de gente.

 

Nosotros, en cambio, accedimos por error por la otra entrada, dejando el coche en un parking no oficial cercano que además nos cobraba extra (150 TL). En ese momento no parecía la mejor opción, pero como teníamos prisa, decidimos quedarnos allí. Terminó siendo un gran acierto.

 

La visita nos llevó unas 2 horas y media aproximadamente

Como todas las otras entradas a los monumentos estatales de Turquía, las entradas incluyen servicio de audiogüía de manera que realizamos la visita con calma, escuchando las explicaciones de los diferentes sectores que íbamos viendo. 

 

Al final de la visita, a la hora del cierre, los guardas comenzaron a desalojar el recinto. Y es en este momento, en que el que el error de haber seleccionado la entrada con parking de pago resultó ser de lo más conveniente.


Al estar en el extremo contrario al acceso principal, cuando los guardias comienzan a desalojar el recinto a la hora del cierre, la gran masa de visitantes se dirige en una única dirección de salida… mientras tú avanzas en la contraria. 

Poco a poco, el lugar se va vaciando y empiezas a encontrarte zonas prácticamente desiertas. Fue así como terminamos viendo algunos de los puntos más emblemáticos —incluida la Biblioteca de Celso— en una calma bastante inesperada en un lugar así.

 

La entrada cuesta 40 € e incluye el acceso al museo, pero no a las casas de la ladera (incluidas si se dispone del pase completo de monumentos). Nosotros no las visitamos, así que no puedo valorar si merece la pena el extra. El museo, en cambio, sí que estaba incluído en la entrada y nos sorprendió muy positivamente. Inaugurado muy recientemente, recibe el nombre de Ephesus Experience Museum (Museo de la Experiencia) y se sitúa justo al lado del Gran Teatro, dentro del mismo recinto. Me sorprendió muchísimo que muy poca gente parecía conocerlo. Es un museo totalmente inmersivo y tecnológico. No se basa en vitrinas con objetos, sino en proyecciones de 360°, sonidos envolventes y efectos visuales (realidad virtual y mapping) que “reconstruyen” la ciudad ante tus ojos. La experiencia: Te permite “caminar” por la Biblioteca de Celso o el Templo de Artemisa tal como se veían en su época de máximo esplendor. Es ideal para entender la magnitud de lo que hoy son solo piedras blancas.

Ruinas de Éfeso

Ruinas de Éfeso

8. Alaçati y playas de los alrededores

Alaçati fue la gran sorpresa del viaje. Un pueblecito precioso y muy turístico, sí, pero de turismo turco, que al fin y al cabo es lo que uno busca cuando viaja a Turquía, en lugar de encontrarse únicamente con visitantes ingleses o rusos.


Pasamos dos noches en Alaçati y nos encantó. Fue como un soplo de brisa fresca después de las playas masificadas: un lugar hermoso, cuidado, lleno de buganvillas trepando por fachadas encaladas. Alaçati es un pueblo grande, con un casco antiguo extenso de casitas bajas y callejuelas empedradas que rebosan vida. Nos alojamos en Alayaz Boutique Hotel, que a pesar de estar en pleno casco antiguo resultaba relativamente tranquilo y cercano a parkings gratuitos donde poder dejar el coche.

Alaçati

Cena en Alaçati

En Alaçati recomiendo especialmente visitar la playa de Delikli Koyu: una playa de arena muy fina y blanca, con formaciones rocosas espectaculares que recuerdan más a lo que uno esperaría encontrar en las islas griegas, tan cercanas a esta parte de la costa turca. Nosotros dedicamos toda una mañana allí y nos costó despedirnos, tan bien se estaba.

¿Dónde comer en Alaçati?

En Alaçati nos enamoramos del Café du Musse, una coctelería vintage con un interior que parece sacado de una sala de museo de objetos curiosos. Para tomar café recomiendo el hermosísimo Hector Louis Coffee Alaçati y para comer el agradable patio de Salkim Sögut. 

9. Pérgamo

Desde Alaçati hasta Pérgamo hay aproximadamente tres horas y diez minutos de conducción, y desde allí otras tres horas y media hasta Pamukkale. Si tuviera que hacerlo de nuevo, probablemente iría directamente desde Alaçati a Pamukkale (tres horas y cuarto), ahorrándome tanto kilómetros como tiempo. Pero en su momento decidimos incluir esta parada, y aunque la experiencia fue mixta, hubo aspectos que merecieron la pena.


Lo cierto es que si hubiésemos sabido de antemano el estado de conservación de las ruinas y su precio, probablemente habríamos reconsiderado la visita. Lo cierto es que si hubiésemos sabido de antemano el estado de conservación de las ruinas y su precio, probablemente habríamos reconsiderado la visita. 

Alaçati

Cena en Alaçati

En Alaçati recomiendo especialmente visitar la playa de Delikli Koyu: una playa de arena muy fina y blanca, con formaciones rocosas espectaculares que recuerdan más a lo que uno esperaría encontrar en las islas griegas, tan cercanas a esta parte de la costa turca. Nosotros dedicamos toda una mañana allí y nos costó despedirnos, tan bien se estaba.

¿Dónde comer en Alaçati?

En Alaçati nos enamoramos del Café du Musse, una coctelería vintage con un interior que parece sacado de una sala de museo de objetos curiosos. Para tomar café recomiendo el hermosísimo Hector Louis Coffee Alaçati y para comer el agradable patio de Salkim Sögut. 

9. Pérgamo

Desde Alaçati hasta Pérgamo hay aproximadamente tres horas y diez minutos de conducción, y desde allí otras tres horas y media hasta Pamukkale. Si tuviera que hacerlo de nuevo, probablemente iría directamente desde Alaçati a Pamukkale (tres horas y cuarto), ahorrándome tanto kilómetros como tiempo. Pero en su momento decidimos incluir esta parada, y aunque la experiencia fue mixta, hubo aspectos que merecieron la pena.


Lo cierto es que si hubiésemos sabido de antemano el estado de conservación de las ruinas y su precio, probablemente habríamos reconsiderado la visita. Lo cierto es que si hubiésemos sabido de antemano el estado de conservación de las ruinas y su precio, probablemente habríamos reconsiderado la visita. 

La entrada cuesta 30 EUR si se visitan las dos áreas principales: 15 EUR el Asclepion (un antiguo centro de curación) y 15 EUR la Acrópolis. Las ruinas, aunque históricamente importantes, no están tan bien conservadas como otras que visitamos durante el viaje, lo que hace que el precio resulte elevado en comparación.

 

Dicho esto, y para aquellos que decidan realizar la visita, añado mis recomendaciones a continuación. La Acrópolis sin duda merece visitarse al atardecer. Cuando la luz dorada baña las ruinas y las vistas sobre el valle se extienden hasta el horizonte, entiendes por qué este lugar fue una de las ciudades más importantes del mundo antiguo. Ese momento, con el sol cayendo sobre las columnas y el teatro, compensa en parte la decepción inicial.

 

Más allá de los monumentos, una de las experiencias más auténticas de Pérgamo fue pasear por el casco antiguo de la ciudad moderna. Son solo dos o tres calles, pero rebosan vida local musulmana: tiendas de barrio, gente conversando en las esquinas, el aroma del té recién hecho. Es un contraste refrescante con las zonas más turísticas de la costa y ofrece un vistazo a la Turquía cotidiana que a veces se pierde entre ruinas y playas. Nos alojamos en una casa con patio preciosa: Attalos Suite, y comimos en un lugar muy de ellos que me gustó mucho: Altin Kepce.

Pérgamo

Ruinas de Pérgamo

10. Pamukkale

Regresamos a Antalya por el interior, realizando una parada en Pamukkale para visitar las famosas terrazas de travertino blanco y las ruinas de Hierápolis. Pamukkale es uno de los lugares más conocidos y visitados de Turquía, por lo que recomiendo planificar bien la visita.

11. Antalya

Cerramos nuestro recorrido por la costa con unas pocas horas en Antalya antes de devolver el coche en el aeropuerto. Se trata de una ciudad muy famosa y turística, pero después de todo lo que habíamos visitado, nos resultó bastante prescindible.

Dedicamos tres horas a recorrer su casco histórico: la Puerta de Adriano, el bazar, las calles de viviendas otomanas y algunas mezquitas. Todo está bien conservado y tiene su encanto, pero en comparación con lugares como Alaçati, Kayaköy o incluso Kalkan, Antalya nos pareció demasiado urbanizada y sin la autenticidad que habíamos encontrado en otros rincones de la costa.

Si tu tiempo es limitado o ya has visitado otros pueblos y ciudades de la región, Antalya puede quedarse fuera del itinerario sin que sientas que te has perdido algo esencial. Para nosotros fue simplemente una parada práctica antes del vuelo de regreso, nada más.

Recomendaciones finales

Recuerda que para entrar en mezquitas es necesario llevar pantalón o falda hasta los tobillos y que las mujeres se cubran cabello y hombros con un pañuelo. Aunque muchas mezquitas te dejan la ropa, mi recomendación higiénica es que lleves tu propia ropa para evitar sorpresas. Asímismo, para visitar la costa turquesa recomiendo llevar gafas de buceo para apreciar la vida marina. Nosotros vimos mucha fauna, especialmente en el área de Çirali y la Bahía de Kekova. Y, por último, en todas las entradas a los monumentos estatales de Turquía incluyen servicio de audiogüía. Los auriculares para escuchar las narraciones tienen un precio a parte, pero en caso de llevar tus propios cascos, tan solo debes descargar la app de los Museos Turcos (Muzekart) y escanear el código QR de la entrada para sumergirte en la guía del lugar: ¡súper recomendado!

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